Noticias

14/02/2019

ABC, España

La raíz judía del gran Ajax








Una de los rasgos que caracteriza a la escuela de fútbol del Ajax es el juego por los extremos. En su excepcional libro, «Brilliant Orange», el periodista David Winner cuenta una anécdota sobre ese gusto casi cultural. En los años 20 jugaba en el Ajax un extremo americano llamado Eddy Hamel. Ocupaba la banda derecha y sus admiradores decidieron reunirse en el mejor punto del estadio para apreciar su juego, justo entre la línea media y el banderín de esquina. Cada medio tiempo, cambiaban al otro lado del campo para verle mejor.

Esto no ocurrió solo con Hamel. Décadas después, entre 1957 y 1973, Sjaak Swart, extremo diestro del Ajax campeón de Europa, también heredó un grupo de fans que cambiaban al lado opuesto del campo en los descansos. Acabó siendo una tradición. A finales de los 70, los antiguos aficionados al juego de Swart encontraron sucesor en Tscheu la Ling, un jugador al que seguían por toda la cancha hasta que las medidas antihooligans impusieron las vallas de seguridad a principios de los 80.

Hamel y Swart eran extremos con otra cosa en común: su origen judío.

Eddy Hamel fue el primer judío del Ajax. Había nacido en Estados Unidos, hijo de emigrantes holandeses, y regresó siendo muy joven. Después fue asesinado en el campo de concentración de Auschwitz en 1943.

El entrenador del equipo, el inglés Jack Reynolds, que introdujo tácticas ofensivas en antes de Rinus Michels, pasó la guerra en un campo de prisioneros (el mismo en el que estuvo P. G. Wodehouse).

El Ajax no era un club específicamente judío, pero estaba cerca de la parte judía de la ciudad. Había alrededor de 80.000 judíos en Amsterdam de los que quedaron solo 5.000 tras la invasión nazi.

Alguna vez se ha dicho que la simpatía por los judíos en Amsterdam era una forma de limpiar la mala conciencia por la magnitud de la masacre. En Holanda mataron al 79%, más de 100.000 de los 140.000 que vivían en el país.

Aun en la actualidad, en el campo del Ajax se ve la estrella de David. Aunque no hay nada específicamente judío ni el club se reconoce como tal, los judíos fueron importantes en la creación del gran Ajax, el que en tiempos de Cruyff llegó a ganar tres Copas de Europa consecutivas.

Tras la guerra, en la década de los 50, el club reunió a varios supervivientes del Holocausto. Encontraron un lugar en el club y contribuyeron a convertirlo en el mejor equipo del mundo. Su historia la contó en un formidable libro («Ajax, The Dutch, The War») el periodista Simon Kuper.

No solamente el extremo Swart, cuyo padre era judío. También Bennie Muller, capitán del Ajax y de la selección. Con cuatro años vio cómo soldados nazis querían llevarse a su madre, que, al contrario que ocho de sus diez hermanos, salvó la vida por su matrimonio con un gentil.

El masajista del equipo y una de las almas del club, el hombre de confianza de Cruyff, Salo Muller, también era judío. La última vez que vio a sus padres tenía seis años. Observó cómo se los llevaban junto a cientos de capturados.

A la masacre su sumaba la destrucción de sus lugares, barrios y hogares. En Ámsterdam desaparecieron los clubes de fútbol judíos y a finales de los 50 Swart y Muller, entraron en el Ajax. En ese momento, se trataba de un pequeño club semiprofesional que pronto iba a cambiar. Cerca del estadio jugueteaba Johan Cruyff, un niño huérfano de padre a cuya madre dio trabajo el club limpiando el vestuario. El Ajax «adoptó» a Cruyff, que ayudaba al jardinero llevando los banderines. En 1964 debutaría.

El club se desarrolló como un club familiar en el que se integraron algunos solitarios judíos supervivientes.

Empezando por Jaap van Praag, presidente desde 1964, la persona que decidió contratar a Rinus Michels, el causante junto a Cruyff del despegue futbolístico. Van Praag sobrevivió al Holocausto escondido por la familia de un antiguo jugador del Ajax, Wim Schoevaart. Al acabar la guerra había perdido a sus padres, a su hermana y en cierto modo a su esposa, que se había ido con otro hombre. Se sumergió en su trabajo y en el Ajax.

El presidente Van Praag contó con la ayuda financiera de Maup Caransa, multimillonario judío de origen portugués, de las viejas familias expulsadas de la Península Ibérica en el siglo XVI. Caransa salvó su vida en el Holocausto también por su matrimonio con una gentil, pero perdió a sus padres y hermanos.

Al regresar, como muchos otros, se dedicó a trabajar. Hacer fortuna era una forma de supervivencia para el judío. Ser lo suficientemente rico como para poder pagar por sus familias si algo así sucedía otra vez. En los gentiles «ya no se podía confiar».

El periodista Simon Kuper cuenta cómo sin haber duda de la gran simpatía del Ajax por la causa judía, el club presumió poco de ello. La Holanda resistente se mezclaba muy fácilmente con la colaboracionista. También formaron parte de la directiva los hermanos Van der Meijden, los «constructores de bunkers», unos empresarios que habían trabajado para los nazis. Estuvieron condenados por ello a tres años de cárcel y con el tiempo entraron en la directiva del club.

Los Van der Meijden financiaban traspasos, regalaban autos a los jugadores (Volkswagen), complementaban sus salarios con bonos, pagaban sus multas o les encontraban casas.

Según Kuper, el dinero que construyó el gran Ajax era «fout» (malo) y «goed» (bueno), era de esos constructores de bunkers y también de las fortunas judías. Caransa puso dinero y ya a mediados de los 60 el club era conocido como el “club judío” por los rivales. Alrededor del Ajax se agruparon empresarios y profesionales que aportaban dinero o servicios al club. No solo Caransa, también Leo Horn, un héroe de la resistencia a los nazis que salvó muchas vidas, Japie Kroonenberg, o el señor Cohen, un carnicero la Plaza Rembrandt que les solía dar un banquete de comida kosher si ganaban el campeonato y cuya nieta Sharon es en la actualidad la esposa de Ronald de Boer.

Horn se convirtió en árbitro y era el anfitrión de los colegiados que llegaban a pitar al Ajax. Caransa ideó la forma de financiar el techo del estadio.

Los empresarios textiles judíos daban trabajo a los futbolistas por las tardes. El mismo Cruyff trabajó brevemente para uno de ellos, sacándose un dinero extra.

En 1964, cuando Van Praag se hace cargo del club, el Ajax ni siquiera era el equipo indiscutido de Amsterdam. Había otros como el DWS o el Blauw Wit. Con su gestión, junto al dinero de los «constructores de bunkers», de Caransa y sus compañeros, el club ganó en encanto. Un jugador que firmara por ellos podía esperar un ingreso adicional o un cómodo trabajo en un almacén textil. Eso fue sumando.

En 1966, poco después, el gran Ajax nació definitivamente. Recibió al Liverpool de Bill Shankly y le derrotó 5-1. Cuenta la leyenda que antes del partido Shankly había dicho que Ajax era «un producto de limpieza».

Ese Ajax se desarrolló como una familia, un club muy local con un ambiente especial. «Los jugadores no judíos del gran Ajax habitaban un ambiente judío que era casi único en los Países Bajos de posguerra: el presidente, los viejos mecenas, el masajista, un par de compañeros del equipo, los periodistas o el panadero que les llevaba el pan». Era un ambiente en el que escuchaban chistes y usaban expresiones judías constantemente.

Cruyff no era judío, pero como dijo su masajista Muller: «Estuvo siempre rodeado de ellos». Y ese Ajax, el Ajax del «Fútbol Total», fue impregnado por supervivientes del Holocausto, sumando a sus raras virtudes las de esos seres excepcionales.

Secciones