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06/12/2017

Deutsche Welle- por Kersten Knipp

La muerte reina en el patio árabe






Aún tras la muerte del expresidente Saleh, la violencia sigue en Yemen. Es entendible que Europa sea cautelosa, pero los países vecinos deben hacer mucho más, opina Kersten Knipp.

La idea de que la muerte nos provee un momento de reflexión ya no aplica en Yemen. El país ha vivido más de dos años y medio de guerra a causa de la lucha entre la alianza saudí y los rebeldes hutíes. Ambos lados carecen de piedad y ocasionalmente no temen ultimar hasta a prisioneros de guerra. El precio del conflicto lo han pagado con sus vidas más de 10 mil civiles.

Al balance mortal se suma uno de los protagonistas de la guerra: Ali Abdullah Saleh, quien fue presidente del país hasta 2012. El pasado lunes, fue asesinado por los rebeldes hutíes, con los cuales había estado aliado antiguamente, pero a los que defraudó al cambiar de bando. Saleh era un político extremadamente flexible, que ajustaba sus posiciones hacía donde más le convenía.

Su muerte no traerá el fin de los enfrentamientos en Yemen; al contrario, ahora se espera que sus aliados se separen definitivamente de los hutíes y apoyen a su sucesor, el presidente Abed Rabbo Mansur Hadi.

Cautela en Europa

Occidente ha respondido a todos estos acontecimientos con un mesurado nivel de interés, ya que muy pocos políticos se inclinan a tomar alguno de los bandos en la gran lucha de poder entre las dos mayores potencias de la región, Arabia Saudí e Irán. Ambas naciones mantienen la misma contienda en Siria, un conflicto que ha resultado en una ola de refugiados que ha impactado Europa.

El cálculo entonces es simple: Siria está muy cerca de Europa, pero Yemen afortunadamente mucho más lejos. Por ello, han llegado cientos de miles de personas de Siria al continente europeo, mientras que muy escasas son las llegadas del empobrecido país del sur del mundo árabe.

En otras palabras, los factores geoestratégicos pueden impulsar las intervenciones humanitarias o, como es el caso de Yemen, impedirlas por completo. La ayuda humanitaria a veces tiene mucho más que ver con el nivel de interés.

La responsabilidad de los países vecinos

Arabia Saudí está muchísimo más cerca de Yemen, su vecino inmediato, donde el príncipe heredero Mohammed bin Salman impulsa la guerra civil que ha sumido en la miseria al que ya era el país más pobre del Medio Oriente. Es obvio que el sufrimiento humano no juega ningún papel importante en sus cálculos.

El grado de implicación de Irán en la violencia de Yemen no ha sido comprobado contundentemente. Este martes (05.12.2017), el presidente iraní, Hassan Rohani, advirtió a los saudíes sobre futuros ataques. "El pueblo yemení hará que los responsables se arrepientan de sus actos” declaró el mandatario en un anuncio por televisión.

Estas palabras lo dejan a uno cuestionando que tipo de relación tiene Irán con el pueblo yemení para que se vea en libertad de emitir tal declaración.

A su vez, los demás países que rodean esta guerra, como lo son Pakistán, India, Etiopía y Sudán, brillan por su ausencia de ayuda y participación. Por supuesto que Europa podría y debería hacer más por Yemen. Europa siempre puede hacer más. Pero es a los países de la región los que les conviene mucho más involucrarse en una solución y los que deben preguntarse en que tipo de región quieren realmente vivir a largo plazo.

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