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22/02/2018

Infobae

La distorsión de la historia de parte del gobierno polaco al sostener que los judíos participaron en el Holocausto




En la foto: Sobrevivientes del Holocausto protestan contra la embajada polaca en Tel Aviv (AFP) La disputa entre Polonia e Israel por el recuerdo y la interpretación del Holocausto comenzó hace más de un año, cuando la entonces primera ministro Beata Szydło, al mando de un gobierno ultraconservador, anunció sus intenciones de establecer una ley que penara con prisión a quien sostuviera en público la responsabilidad de los polacos en la masacre perpetrada por los nazis.

En su momento esta idea generó fuertes rechazos y un debate en torno a la expresión "campos de exterminio polaco", concepto que deriva del hecho de que los principales campos fueron instalados por los nazis en Polonia, que aún no pudo ser saldado.

Szydło dejó el cargo pero su proyecto avanzó y la ley se aprobó a fines de enero de este año, reavivando viejas heridas y dando pie a una crisis diplomática entre lo gobiernos de Polonia e Israel.

El presidente polaco Andrezj Duda firmó la norma en febrero y subió la apuesta, aunque la envió también al Tribunal Constitucional para que se expresara al respecto.

Por su parte el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu advirtió en respuesta que "no podemos cambiar la Historia y el Holocausto no puede negarse".

También los gobiernos de Estados Unidos y Francia, y las organizaciones judías internacionales, criticaron la ley que establece hasta tres años de prisión y fuertes multas para quien exprese la idea de que hubo responsabilidad polaca en el genocidio encarado por Alemania tras la ocupación del país.

Una escena de muerte y destrucción en Auschwitz, el más grande los campos de exterminio establecidos en Polonia

Una escena de muerte y destrucción en Auschwitz, el más grande los campos de exterminio establecidos en Polonia

El principal argumento es que esto podría impedir a las víctimas hablar de instancias de sufrimiento a manos de colaboradores polacos con el régimen de ocupación, que están debidamente documentadas.

Pero el gobierno del partido conservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS, en polaco) se mantuvo firme, y el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki afirmó el sábado que "hubo perpetradores polacos del Holocausto así como hubo perpetradores judíos", agitando aún más las aguas.

Especialistas y académicos irrumpieron este miércoles en la polémica para referirse específicamente a esta frase de Morawiecki y ahondar en su origen y sus efectos, citados por el Times of Israel.

En la inmediata posguerra, policía judía en un campo de refugiados detiene a un ex “kapo”, un colaborador judío (Museo del Holocausto de Estados Unidos)

En la inmediata posguerra, policía judía en un campo de refugiados detiene a un ex “kapo”, un colaborador judío (Museo del Holocausto de Estados Unidos)

Técnicamente, Morawiecki tiene razón en hablar de "perpetradores judíos", ya que hubo prisioneros que, bajo la amenaza de muerte, colaboraron con los carceleros en tareas de administración y gerencia de los campos de concentración.

De hecho, hasta el año 1972 se realizaron en Israel numerosos juicios en contra de estos colaboradores, destacó Rivka Brot, una investigadora de la Universidad de Bar-Ilan que realizó su tesis precisamente sobre estas instancias en la posguerra.

Incluso antes de la fundación de Israel, en 1948, ya se habían establecido cortes comunales entre los judíos para juzgar estos hechos, aunque fuera "simbólicamente" ya que no poesían autoridad.

Los prisioneros judíos que colaboraron lo hacían bajo la amenaza inmediata de muerte

Brot consideró que el elemento ofensivo en los dichos de Morawiecki no es que mencionara al colaboracionismo judío, sino que los elevara al mismo nivel que el polaco.

"Los prisioneros judíos que colaboraron lo hacían bajo la amenaza inmediata de muerte", dijo Brot al Times of Israel. "Los polacos sufrieron mucho bajo el dominio nazi, pero la mayoría no sufrió las mismas circunstancias que los judíos destinados al exterminio", agregó.

Los típicos colaboradores judíos eran los llamados "kapos", funcionarios y agentes de seguridad dentro de los campos y los ghettos, designados entre los prisioneros por los nazis.

Acusados de crímenes de guerra, entre los cuales aparecen cuatro “kapos” del campo de concentración de Dora-Mittelbau (Museo del Holocausto de Estados Unidos)

Acusados de crímenes de guerra, entre los cuales aparecen cuatro “kapos” del campo de concentración de Dora-Mittelbau (Museo del Holocausto de Estados Unidos)

Hubo también casos de judíos que entregaron a otros judíos escondidos, a cambio de que sus familiares fueran salvados de la muerte. El más famoso es el de Stella Kubler, que persiguió judíos durante toda la guerra a cambio de que no deportaran a su padres a los campos de exterminio.

No todos los "kapos" eran judíos, algunos provenían de otras minorías encarceladas en los campos, como los testigos de jehová, los romani, los sinti, prisioneros de guerra polacos, prisioneros políticos e  incluso criminales comunes alemanes.

Por esta razón algunos judíos enjuiciados sostuvieron en su defensa que aceptaban ser "kapos" para proteger a los judíos de agresiones dentro del campo.

La acusación puede parecer similar, pero el contexto en el que actuaban es radicalmente distinto

Un caso aparte lo constituían los "jueces" que formaban parte de los "judenrats", tribunales de justicia dentro de los ghettos que respondían entre los alemanes.

Dina Porat, directora de historia en el museo del Holocausto Yad Vashem en Israel, explicó que muchos acabaron suicidándose antes que aceptar impartir las condenas, mientras que otros aceptaron colaborar por miedo a represalias contra el ghetto.

También hubo casos de algunos que se regodearon en el poder. Esa fue la experiencia de Chaim Mordechai Rumkowski, que prácticamente dirigía el ghetto de Lodz como un rey, emitiendo moneda con su retrato y decidiendo quién era enviado a los campos de exterminio, especialmente los niños.

Como ilustración de lo que significaba ser un colaborador judío, cuando Rumkowski dejó de ser útil para los nazis fue enviado a su muerte al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Pero su reputación lo precedía: no murió en la cámara de gas, sino que fue golpeado hasta la muerte por los prisioneros judíos a poco de llegar.

Porat sostiene que efectivamente los colaboradores judíos eran despreciados por los demás judíos, pero la comparación con los colaboradores polacos "es moral e históricamente falsa por complejo espectro de colaboración".

Esta complejidad no aplica a los polacos, quienes no actuaban contra los judíos ante la amenaza de muerte sino por búsqueda de un beneficio o incluso por antisemitismo.

"La acusación puede parecer similar, pero el contexto en el que actuaban es radicalmente distinto", concluyó.

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