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12/07/2018

El Confidencial, España- por Maya Siminovich

Israel y Hezbollah, 12 años después de la guerra en la que ambos "vencieron"






En julio de 2006, ni israelíes ni libaneses pensaban que podría haber una guerra, pero se equivocaron, y esa conflagración, cuyo duodécimo aniversario se celebra hoy, "modificó el tablero geopolítico de la zona", valoró a Efe Uzi Rabi, director del Centro Moshé Dayán para estudios de Oriente Medio y África de la Universidad de Tel Aviv.

La opinión general a principios del verano de 2006 era que Hezbollah, la milicia chií apoyada por Irán y dominante en Líbano, no haría ningún movimiento bélico contra Israel antes de la temporada turística, que atrae al país del cedro más de dos millones de visitantes al año.

Sin embargo, un ataque de la organización armada liderada por Hasan Nasrala condujo a una guerra que duró 34 días.

"La Segunda Guerra del Líbano abrió un capítulo nuevo en la historia de la región", señaló Rabi.

"Israel no conquistó nada, sólo golpeó duro a Hezbollah, y sin embargo la guerra fue en realidad contra Irán. El cambio en el mapa geopolítico es que los países árabes de la zona apoyaron a Israel", indicó.

La mañana del 12 de julio de 2006, Hezbollah disparó proyectiles Katiusha hacia Israel como táctica disuasoria para atacar dos vehículos armados que patrullaban en el lado israelí de la frontera.

La emboscada acabó con tres soldados muertos y dos secuestrados. Cinco más murieron en un intento de rescate fallido y el primer ministro israelí de entonces, Ehud Olmert, lo consideró "un acto guerra", según recogió Ynet el 12 de julio de 2006.

Hezbollah exigió a cambio de los militares secuestrados -no se sabía si vivían- la liberación de prisioneros libaneses, pero Olmert se negó y respondió con ataques aéreos y de artillería, una invasión terrestre y un bloqueo aéreo y naval, mientras Hezbollah lanzaba más proyectiles y se enzarzaba en una guerra de guerrillas contra el Ejército.

Se estima que murieron alrededor de 1.200 libaneses y 165 israelíes, según Amos Harel y Avi Issacharoff en su libro "34 Días" (2009).

"Recibí el aviso para alistarme en una pizzería", recordó Ariel, de 42 años, soldado en la reserva en infantería en aquella fecha. "Leí el mensaje y el corazón me dio un vuelco, se temía que los misiles de Hezbollah llegaran a Tel Aviv".

"Una vez allí dentro, entre el 'boom' y el fuego, empecé a decirme de manera recurrente: 'por favor que no tengamos que hacer esto nunca más'. Me parecía un sinsentido, no podíamos parar los proyectiles de Hezbollah", compartió el exsoldado e ilustrador.

"El éxito de las guerras se mide por su impacto psicológico", señaló a Efe Eyal Zisser, profesor de Historia Contemporánea del Medio Oriente en la Universidad de Tel Aviv, "y hay que detenerlas en el momento en que tengan más pinta de victoria".

Así lo entendieron israelíes y libaneses -en la ciudad de Dahiya, baluarte de la milicia chií, se leía "victoria de Alá" en enormes carteles- cuando aceptaron el alto el fuego propuesto por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 11 de agosto.

La resolución pedía desarme de Hezbollah, retirada del Ejército israelí del Líbano, despliegue de las Fuerzas Armadas libanesas, y más tropas de las Fuerzas Interinas de las Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL) en la frontera.

"Pero en retrospectiva, las victorias son relativas", indicó Rabi.

La Segunda Guerra del Líbano es considerada en Israel como un fracaso, militar y político. El escalafón militar fue duramente criticado por la aparente falta de preparación de los soldados y su incapacidad para responder a los proyectiles que durante un mes llovieron sobre el norte del país.

Pocos días antes del alto el fuego, el escritor David Grossman exigió a su Gobierno aceptar la propuesta del primer ministro libanés Fuad Siniora para acabar el conflicto: "Es la victoria que Israel quería", escribió.

Al día siguiente de la firma, el hijo de Grossman, Uri, tanquista, murió de un tiro en el cuello, una de las últimas muertes de aquella guerra.

En el verano de 2018, cuando la tensión entre Israel e Irán repunta, el analista Avi Issacharoff no percibe paralelismo con el verano de 2006: "Mientras la gente de Hezbollah esté luchando y muriendo en la guerra en Siria, es difícil imaginar a Nasrala siendo arrastrado hacia otra aventura temeraria contra Israel".

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