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12/04/2018

Enlace Judío México- por Pedro Huergo Caso

Horcher, nido de nazis en el Madrid de Franco




Por Pedro Huergo Caso



“La lista negra: los espías nazis protegidos por Franco y la Iglesia”, de José María Irujo, del año 2003, es hasta ahora el último ensayo -serio y riguroso- sobre los cientos de agentes de la Gestapo, la Abwehr y la SD que trabajaban a sus anchas en todas las ciudades españolas. Diplomáticos, periodistas, empresarios, productores de cine y agentes profesionales: un denso entramado de cables con la administración y la aristocracia. La obra de J.Mª Irujo, no obstante, reconstruye tan sólo la lista de 104 espías alemanes reclamados por los Aliados. (En marzo de 1997, “El País” localizaba, en el Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores, un informe de 1945, de los Servicios Secretos con la “Lista de repatriación” de 104 oficiales nazis ocultos en España).

Ninguno de ellos fue entregado: muchos se refugiaron en casas de españoles, mientras que otros permanecieron ocultos bajo la protección de la Iglesia y huyeron a Sudamérica en última instancia. Muchos aún viven.

Horcher, el restaurante, se inauguró en el Berlín de 1904, concretamente en la Martin-Luther-Straße 21, de la mano de Gustav Horcher, viticultor de la región de Baden, fallecido en 1931. Adquirió rápida fama por ser lugar habitual del presidente de Alemania cuando la Primera Guerra Mundial, Paul von Hindenburg, que acabaría siendo con el tiempo algo así como la oposición política a Hitler. Pero tanto como Horcher como Hindeburg murieron antes de que Hitler se hiciera con el poder y el restaurante lo heredó el hijo, Otto Horcher, que le dio aires nuevos: especializado en platos de caza y de clientela, la cúpula nazi.

Albert Speer, ministro de Armamento y Guerra del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial lo agasajó en público por haber servido el catering del pabellón de Alemania en la Exposición Universal de París en 1937, lo cual suponía una publicidad fabulosa .Era el restaurante preferido de Hermann Göring, relevante imagen del partido nazi y comandante de la Luftwaffe, su fuerza aérea. En el libro «Göring», David Irving sostiene que el personal de Horcher estaba exento del servicio militar. Y el restaurante, exento del decreto de Guerra Total de Joseph Goebbels. Pero según Frabrice D’Almeida en «El pecado de los dioses», fue Goebbels quien «obtiene el cierre del Horcher de Berlín, cuyos excesos le parecen injustificables de cara a la propaganda de guerra».

Tras ser bombardeado Berlín en 1941, y con la ayuda de un importante general de brigada de la SS, Walter Schellenberg, Jefe de información y contraespionaje alemán, los Horcher abrieron sucursal en 1943 en Madrid. En el número seis de la calle de Alfonso XIII, enfrente de los Jardines del Retiro, barrio de los Jerónimos. Y el régimen político de Franco sabía todo, sin duda alguna.

Allí cenaba, por ejemplo, el hombre más peligroso de Europa, Otto Skorzeny, alias Caracortada, famoso por rescatar a Mussolini, llevar a cabo la Operación Greif y ser uno de los principales organizadores de ODESSA en España (una red de colaboración secreta desarrollada por grupos nazis para ayudar a escapar a miembros de la SS desde Alemania a otros países donde estuviesen a salvo, particularmente a Latinoamérica.) Y claro, junto a él, su largo séquito de secuaces.

No obstante, era el no va más del refinamiento culinario: manteles de hilos y cristalerías finas, camareros adiestrados en los modales más adecuados, manejando exquisitas porcelanas de Nymphenburg para servir, a los postres, su célebre baumkujen con nata, helado y chocolate caliente. Dos de sus tres salones eran convertibles en reservados y en disposición de ele para mantener la discreción absoluta. Se convirtió en el sucesor del prestigio de Lhardy y la competencia de Jockey, además de estar enfrentado al Embassy, epicentro de los aliados y desde el cual se ofreció ayuda para escapar a muchos judíos.

Otto Horcher

En Horcher, por ejemplo, espiaba la recientemente fallecida Condesa de Romanones, Aline Griffith; y allí se entrevistó con Himler cuando ella trabajaba para la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos); ella, también hay que decirlo, frecuentaba con avidez laboral el night club “Pasapoga”, en la Gran Vía, que era propiedad de un judío francés, Bernard Hinder, y que era quien en realidad lo sabía todo del Madrid de los años ´40 y ´50. Por Horcher también pululaba el extravagante Hans Lazar -tan extravagante como que, a pesar de su ascendencia judía, era pronazi- encargado de la propaganda del Tercer Reich en España, llegando a controlar a una gran parte de la prensa española durante la Segunda Guerra Mundial y hasta doscientas hojas parroquiales. (En su dormitorio, alquilado por los Hohenloe, dinastía principesca alemana cuyos miembros más notables se habían instalado en España e inventado la jet set marbellí, dicen que había  doce santos y un altar sobre el que habían dispuesto la cama, donde dormía con la baronesa Elena Petrino Borkowska) Ningún español tenía acceso a información alguna si no estaba supervisada por Lazar.

En la actualidad, la nieta de Horcher, que ve cómo su restaurante ya no es lo que era, desmiente por completo que su familia estuviera involucrada en el nazismo. Dice que era un restaurante al cual iba gente de la época en Madrid. 1943. Pero eso no es lo que dice Estados Unidos, que califica el restaurante de tapadera nazi, como recoge el trabajo periodístico de Irujo. Aline Griffith, condesa de Romanones también lo dice en su autobiografía. Y ahí sigue: Dona en ocasiones el catering de El Rastrillo navideño de las señoras bien de Madrid, donde como postre sirvieron , por supuesto, su famoso baumkujen servido con nata, helado y chocolate caliente. Muy caliente.

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