Noticias

08/01/2019

Por Ing. Roberto Cyjon

Homenaje a Bernardo y Perla Olesker (Z´L)





Me cuesta escribir acerca de Bernardo Olesker. Porque Bernardo era un “eterno”, porque lo conozco hace décadas, porque falleció el mismo día que Perla, porque pensé que tenía ochenta y pico de años y no noventa y cuatro, porque no me decido en que tiempo escribir, si en pasado o presente…porque lo quería mucho.

Eran cerca de las doce del mediodía cuando recibí un mail de la Kehilá con la noticia. Me tomó por sorpresa, ¡murió Bernardo!, ¿el mismo día que Perla?, hoy es un domingo de enero ¿irá gente a su velorio?, pobre, se merecería un entierro multitudinario. Me vestí más formal y fui a darle un abrazo a sus hijos y a encontrarme con amigos comunes. Ya en el camino pensé que algo iba a hacer sobre él, o hablar o escribir. Me cohibía, en cierta manera, hablar de él. Cuántos lo habrían conocido tanto mejor, desde cuántos y tantos más años que yo, pero sentí que nuestro vínculo había sido muy fuerte. Y, no he de negarlo, me invadió un sentimiento de culpa o pena por no haber ido a visitarlo, o llamado por teléfono hacía mucho tiempo. Esa es la vida que llevamos hoy, pensé, no debería justificarme, pero vivimos absortos en nuestro mundo o con una prisa desorbitada. Qué lástima, no tendría que ser así.

Bernardo Olesker, fue un “modelo” de líder comunitario vital, comprometido y omnipresente en la conducción, y participación, de una amplísima gama de instituciones comunitarias, en el corte transversal de buena parte de la historia de la colectividad judía del Uruguay. No recorreré el repertorio de su militancia, seguramente otros lo harán por mí y es, efectivamente, asombroso. Compartiré con ustedes una parte de mis vivencias personales con él. No dejo de lado a Perla, su inseparable compañera, a quien con franca cercanía y aprecio, yo solía llamar “first lady”.

Tuve el honor de presidir la Organización Sionista del Uruguay del 2003 al 2005, pero integré la Mesa Directiva desde antes y continué haciéndolo unos años más. Bernardo ya era, y muy acertadamente, su Presidente de Honor. No recuerdo que haya faltado a ninguna reunión. Con una presencia activa o tan solo atenta, asumía el rol de un eficiente controlador de situación. Siempre proactivo, apoyando, enseñando, sugiriendo, aconsejando. Bernardo amaba la OSU, abrazó al sionismo como un ideal de vida y se brindó a él con toda su energía. Lo proyectaba a las nuevas generaciones, y por suerte, integré durante dicho período la nómina de jóvenes o nuevos activistas bajo su consideración.

Quisiera dedicar un párrafo, al espacio que ubicaron los libros y el Premio Jerusalem en mi amistad personal con Bernardo. En el año 2004, propuse que la OSU editase un libro en conmemoración de los cien años del fallecimiento de Theodor Herzl. Le comenté a Bernardo, que consideraba que nuestra comunidad había realizado pocas publicaciones, en comparación a su enorme y enérgica actividad en múltiples ámbitos de la sociedad. Coincidió plenamente y me recordó que, durante su presidencia de la Kehilá, en 1975, se había publicado el libro: “Maimónides, maestro de generaciones”. Nuestra sintonía fue total. El libro se llamó: “Sionismo a cien años de Herzl”. Disfrutamos mucho de su edición y lanzamiento, todos los integrantes de la Mesa Directiva se involucraron con entusiasmo. Nos sentimos muy satisfechos. Imagino que él y sus colaboradores, habrían sentido lo mismo con el libro de Maimónides. Pero eso no es todo. Aprendí rápidamente, que el Premio Jerusalém, era “su premio”. Uruguay fue el primer país fuera de Israel, en entregar sistemáticamente los afamados Premios Jerusalem desde el año 1990 -hasta la fecha-. La selección de los nominados era ineludiblemente compleja, dado que siempre hubo varios candidatos para la distinción y había que elegir solo a uno. Bernardo tenía la palabra final en la decisión…y el discurso central en la premiación. Aún en estos momentos póstumos, los pormenores de sus discursos me generan una sonrisa. Era un excelente orador, nunca los leyó. Empleaba un español florido y atento para cada premiado, pero no solía medir el tiempo de sus ponencias conceptuosas. Año tras año, generaba tanto elogios por su alocución, como un ruego fraterno para que no se extendiese demasiado en la próxima ocasión. Era una tarea imposible. Reconozco, con sincero dolor, que, pese a haber sido uno más de los que se sumaban a ese requerimiento, voy a extrañar sus discursos. Ya los extraño de solo imaginarlo. En seis ocasiones participé de dicho comité de selección. Bernardo garantizaba en forma permanente, que el nominado aceptaría gustoso nuestra propuesta. Y así fue, en todos los casos. Más aún, creo no equivocarme al suponer que, con honestidad, todos ellos quedaban encantados con Bernardo. Seguramente lo tengan presente con cálido afecto, porque él lo irradiaba con naturalidad. Recuerdo, en el año 2004, que fuimos autorizados a evitar la larga fila de gente que pretendía entrar al Palacio Legislativo, el día del fallecimiento del Gral. Liber Seregni, Premio Jerusalem del año 2003. Con qué solemnidad y amable atención, su viuda nos agradeció el saludo. Fue un gran orgullo, para ambos, haber sido representantes de la OSU en dicha ocasión. En cada premiación, se establecían lazos de prolongada amistad con los homenajeados, líderes y ex presidentes de todos los partidos políticos, intelectuales, periodistas, artistas. Lo más selecto y plural de nuestra sociedad.

Transcurridos tres años más de mi última participación, se decidió publicar otro libro. Fue en el año 2009, en ocasión de la entrega del vigésimo premio. Bernardo nos propuso al Dr. Ramiro Rodríguez Villamil, al, ya fallecido, Dr. Julio César Jauregui y a mí, que integrásemos la Comisión Editora. Tarea nada sencilla, porque no contábamos con archivos escritos, sino, en la mayoría abrumadora de los casos, con archivos de audio que hubo que redactar y editar. Gozamos de plena autonomía y confianza por parte de la OSU entera. Fue una fantástica experiencia, ampliamos nuestra fraterna amistad entre los tres. Así surgió otro libro, de curioso título: “Jerusalem: 19 años del premio, 19 discursos”. Por obvias razones de simultaneidad, el discurso número veinte no podía ser incluido.

Quise mucho a Bernardo y siento que él también me quiso a mí. Cada encuentro a lo largo de los siguientes años, se reflejaba en un abrazo y el intercambio de afectuosas conversaciones. El anecdotario es mucho más rico. Fue incluso amigo de mi padre en la dirigencia comunitaria y estaba lleno de historias que me relataba para satisfacción de ambos. Pero debo empezar a despedirme, lo cual no es tarea sencilla.

Su fallecimiento junto a Perla, en el mismo día, infiere una suerte de hito mágico, proyecta un halo de romanticismo. Los imagino caminando juntos, a él con su garbo tradicional, de andar lento y erguido, de implícita elegancia, y a ella con una sonrisa de orgullo dibujada en su rostro. Se alejan, pero no se desvanecen. Quedarán por siempre en nuestros más gratos recuerdos y reconocimiento. Querido Bernardo, seguirás siendo “mi líder”, como solía llamarte con mucho aprecio. Y soy consciente que tantos más han de coincidir en el agradecimiento por tu incansable y ejemplar labor comunitaria. Al sostener tu féretro hasta la carroza, sentí con simultáneo dolor y afecto, que te extendía un apretado, prolongado, y sentido abrazo final. Con todo mi cariño, deseo que ambos descansen, merecidamente, en paz.

Secciones