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31/07/2017

La Gaceta, España- por Ignacio Blanco

Europa es la gran victoria de los enemigos de Israel




Por Ignacio Blanco



A raíz de la instalación de los arcos de seguridad para acceder a la explanada de las mezquitas, he podido constatar la actitud antisemita que inunda platós de televisión y contenidos periodísticos en Europa. Una actitud que se manifiesta sin disimulo en los medios afines a la izquierda, pero que la mayoría de las veces se disimula en una posverdad en la cual es siempre Israel el que con sus unilaterales actos ataca a la comunidad árabe, obviando mucha otra información que salvaría a los israelíes de la condena mediática.

Israel es la única democracia real en su área geográfica. Existe rodeada de dictaduras que quieren su aniquilación, como han intentado en varias ocasiones. En el que sus hombres cumplen un servicio militar de 3 años y las mujeres de 2 por que se saben amenazados. Un país que contó con una mujer como Primera Ministra, mucho antes que la mayoría de países del mundo. En España aún no se ha logrado. Que otorga mismos derecho a hombres, mujeres y LGTBI. Mujeres que son sometidas y LGTBI que son perseguidos, e incluso ejecutados entre sus vecinos árabes. Israel garantiza la libertad religiosa, incluso la islámica, pese a que los judíos son perseguidos por todos sus dictatoriales vecinos musulmanes. Un país que defiende la libertad, la propiedad privada y la seguridad de su población como no hacen sus enemigos, que subyugan y utilizan a sus ciudadanos para la guerra o para la corrupción.

Israel es un país extraordinario, carente hasta el momento de recursos naturales, que lo ha hecho excepcional su variopinta gente. Un país, que naciendo a la vida como estado en 1948, cuando declara su independencia, con 900.000 habitantes, de los que 150.000 eran árabes, cuenta hoy con de 8,5 millones de habitantes, de los que 1,7 millones son árabes, que forman un importante grupo parlamentario, desacreditando a todo aquél que lo tilda de estado genocida de musulmanes. Prevé alcanzar los 12 millones en 2034, con un producto interior bruto que supera la cuarta parte del pib español y una renta per cápita de 34.355 € en 2016, frente a los 24.000 € de España. Es un milagro económico como nunca ha existido, conseguido defendiendo la libre empresa, la propiedad y la decidida apuesta estatal por crear riqueza empresarial. Es también un milagro de integración social, en el que un juez arabe firma la condena de un primer ministro. Algún día los gitanos en España llegarán socialmente tan alto como los árabes en Israel. Quizás sea todo esto por lo que sus vecinos musulmanes quieran aniquilarlo, al comprobar cómo sus hermanos de fe viven en mejores condiciones y con más libertad en Israel que en sus propios países.

Los palestinos israelíes viven en un estatus muy superior al de los palestinos no israelíes, sometidos a peores condiciones vitales que mejorarían drásticamente si fueran ciudadanos israelíes.

El país, a pesar de incrementar su población de forma exponencial, crece por encima de la media de la OCDE, con una tasa de paro del 5,2%, considerado pleno empleo en el país por su peculiaridades demográficas, con un crecimiento previsto para el 2017 y 2018 del 3,3% y 3,1% respectivamente.

Cuenta con más de 5.000 Start Ups, 250 centros de I+D, emplea el 4,5% de su PIB en I+D Civil y mantiene la mayor concentración de empresas de nuevas tecnologías del mundo fuera de Silicon Valley. La mayoría de sus exportaciones son alta tecnología.

Todo eso lo he vivido en primera persona, tuve la suerte de pasear por lo que los palestinos denomina Haram esh-Shariff, El Noble Santuario, hace varios años, cuando recorrí Israel y Jordania de mochilero. Para acceder al sagrado lugar musulmán tuve que vestir una falda de cintura a tobillos y una camisola de manga larga, ambas prendas de color negro, pues mis pantalones cortos y camiseta, no eran lo suficientemente pudorosos a los ojos de los guardianes de la mezquita Al-Aqsa y el Domo de la Roca. ¿No alcanzo a imaginar la reacción de la progresía nacional si en cualquier catedral española se planteara tal exigencia?. Cierto es que sólo estábamos a más de 40 grados de un fresquito mes de agosto en Jerusalén. Una ciudad maravillosa, como lo es todo Israel y que animo a visitar a todo el mundo. En cambio, los judíos sólo me plantearon que reposara sobre mi cabeza una discreta Kipá de cartón, sin necesidad de esconder mis blanquecinas carnes, para acceder al muro de las lamentaciones. Un muro que contribuye al soporte de las explanada de las mezquitas que se sitúa justamente encima suyo.

Hablando con mi mujer, una persona formada y que absorbe la información de los medios de comunicación europeos, he constatado que desconoce gran parte de todo esto, he comprobado lo desinformada que está la población española con respecto a Israel, hasta el punto de considerarla el problema en lugar del milagro cuya gestión podría extenderse al resto de la zona para sacarla de la pobreza económica, tecnológica y religiosa que sufre debido a sus corruptos gobernantes.

He podido comprobar que mucha de la información periodística sobre el asunto, está absolutamente sesgada en perjuicio de Israel, hasta el punto de haber leído un editorial del Grupo Vocento, según el cual, los arcos de seguridad se habrían colocado en un intento de subyugar a la población árabe, alertando sobre el peligro que dicha acción “unilateral” del gobierno israelí puede tener sobre la coalición internacional que lucha contra el Estado Islámico, pero sin mención alguna al ataque terrorista en la explanada de las mezquitas el 14 de julio, en el que tres terroristas árabe israelíes salen armados de la explanada de las mezquitas y asesinan a dos druso israelíes. Para salir armado de la explanada primero deben haber entrado las armas.

Esta es otra gran victoria de los enemigos de Israel y de los enemigos de la verdad. El editorialista no puede desconocer el motivo para la instalación de esos sistemas de seguridad, por lo que su editorial es una muestra más del antisemitismo que inunda.

Europa. Una Europa que expulsa de su territorio a los Judíos, desprotegidos frente a sus enemigos y que recientemente ha iniciado la persecución de lo cristiano. La misma Europa que debe su origen como civilización al Judeocristianismo, es la misma que hoy renuncia a sus orígenes, para abrazar un futuro de sumisión a toda cultura que no sea la suya. Una Europa temerosa de defender su identidad, sus valores y sus fronteras.

Los detectores de metales tienen como objetivo impedir que los terroristas introduzcan clandestinamente armas en el Monte del Templo. La introducción de las armas en un recinto religioso es lo que debería ser visto como una profanación de un lugar sagrado. Pero, en vez de respaldar los esfuerzos israelíes por impedir matanzas en ese lugar sagrado, los palestinos, otros árabes y muchos periodistas europeos, están culpando a Israel por tratar de proteger a todo el mundo que accede a este lugar sagrado con una serie de medidas básicas de seguridad.

Las autoridades israelíes, adoptaron el protocolo existente en lugares como La Meca, el Vaticano, otras mezquitas o la propia Explanada del Muro en Jerusalén. Medidas de seguridad elementales, como la instalación de detectores de metales. Dichas medidas son habituales en países occidentales y las sufrimos sin rechistar precisamente por el mismo motivo: la amenaza yihadista. No en vano, salvo contadísimas excepciones, los miles atentados que se producen en todo el mundo, con resultado de muerte, tienen como nexo común que el asesino se dice ser musulmán y asesinar en nombre del Islam. Resulta evidente que el Gobierno israelí no tomó la decisión de instalar los detectores para alterar el statu quo o impedir rezar a los musulmanes, sino como una medida de protección que los propios musulmanes deberían haber aplaudido si estuvieran interesados en la lucha antiterrorista.

Los arcos de seguridad no limitaban el ejercicio religioso, que cristianos y judíos tienen proscrito en dicho lugar. Además, como hemos podido comprobar, la retirada de los arcos de seguridad, y de las cámaras que los sustituyeron, no han aplacado la rabia de los musulmanes, que viéndose absurdamente apoyados por occidente, mantienen la tensión en la zona. Están tentando al lobo que ha humillado su cabeza muchas veces para no ofender a las pulgas que viven de su sangre.

Como refiere Basam Tawil en “Detectores de Metal y mentiras Palestinas”, el año pasado los palestinos abortaron un plan jordano para instalar docenas de cámaras de seguridad en el Monte del Templo. Se supone que las cámaras iban a refutar o confirmar las acusaciones palestinas de que Israel está planeando destruir la mezquita de Al Aqsa. Los jordanos se echaron para atrás por la intimidación palestina, que incluía la amenaza de destruir las cámaras. ¿Por qué se comportaron así? Los palestinos temían que sus actos de acoso y violencia, su acaparamiento de armas para atacar a visitantes judíos y policías, quedaran registrados. Israel estaría encantado con la instalación de esas cámaras, pero no escuchamos que se propongan esas medidas por parte de los “rigurosos” comentaristas europeos o los “ofendidos” musulmanes.

Cualquier musulmán puede ir a los lugares sagrados cristianos y judíos en Jerusalén, pero judíos y cristianos tienen el acceso al Monte del Templo muy restringido por el propio Waqf, una organización islámica, financiada por Jordania, que controla la explanada de las mezquitas, con una autoridad que consintió el propio Israel tras la guerra de los seis días. A judíos y cristianos, estos comprensivos musulmanes, desde hace tiempo les obligan a pasar por detectores de metales para acceder a la explanada, sin que ello haya ocasionado jamás una protesta por su parte ni lo hayan considerado una humillación. La soberanía exclusiva del Waqf y la aquiescencia del Gobierno de Israel han llevado a que el lugar sea el único territorio bajo soberanía israelí en el que no existe libertad de culto. Judíos y cristianos tienen prohibido rezar en el lugar, y la policía israelí, siguiendo los dictados del Waqf, detiene a los que lo intentan.

La única victoria de los enemigos de Israel es la de la opinión pública en occidente, pues este pequeño país, del tamaño de la Comunidad Valenciana, y 8,5 millones de habitantes, ha derrotado sistemáticamente a sus despiadados vecinos. Los enemigos de Israel han disfrazado como derrotas, lo que fueron decisiones de los gobernantes israelíes ante presiones internacionales. La retirada de la península del Sinaí o del sur de Líbano lo atestiguan. Muestras de las incontables cesiones de Israel en pos del deseado, pero inalcanzable, placet occidental.

Israel puede haber sufrido más por la presión internacional, que por el daño que le hayan podido causar sus despiadados enemigos árabes. Contentar a occidente le ha salido caro. Su actitud comedida y de respuesta sólo en caso de ataque, ha alimentado la violencia árabe hasta límites que en Europa consideraríamos inaceptables para cualquiera de nuestros gobernantes. Lo supo Golda Meir, presidenta de Israel y tercera mujer en serlo en nuestro planeta, que a sabiendas del día concreto en que Israel sería atacado por Egipto y Siria, en lo que se conoció como la guerra del Yom Kippur (1973), renunció a un ataque preventivo por miedo a la reacción occidental, con una terrible pérdida de vidas para Israel.

Como le comenté recientemente a mis amigos israelíes, su país no puede permitirse el lujo de no dar la batalla de la comunicación en occidente. Comprendo que lo primero es la seguridad de un país asediado, pero esa carga sería mucho más liviana si se diera la batalla de la comunicación en Europa, que con el 7% de la población mundial consume el 50% de gasto social de todo el planeta. Un gasto social que sus enemigos aprovechan de forma sobresaliente gracias a la presión pública que realizan sin historia alternativa y que les permite recibir millones de euros anuales para luchar contra Israel.

Por eso, considero que Europa es la gran victoria de los enemigos de Israel, una victoria basada en que las condenas europeas a Israel tienen más repercusión en las decisiones de sus gobernantes que un ataque terrorista. La condena de occidente es la única victoria de los Hamás o Hezbollah que, conocedores de su incapacidad militar frente a los Israelíes, lanzan a su población en ataques suicidas para provocar la reacción de los hebreos. Una población que luego es usada como escudo humano, por sus despiadados gobernantes y líderes religiosos en pos de la condena occidental a Israel. Una condena que los enemigos de Israel saben es su mayor victoria. Una victoria que además ha sido fácil, pues el Estado Hebreo abandonó el campo de batalla.

Volviendo a Golda Meir “La paz llegará, cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”. Algo, que a la vista del odio que muchos árabes han destilado raíz de los sucedido en la Explanada de las Mezquitas y de la connivencia Europea, como acredita el editorial de Vocento, no parece estar cerca.

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