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07/11/2019

El hermano bueno






ABC, España- por Israel Viana

Albert, el hermano de Hermann Göring que suplantó al líder nazi para salvar a judíos del Holocausto

Cuando el Reichstag ardió durante la noche del 27 de febrero de 1933, Hermann Göring respondía tranquilamente a los que le acusaban de haberlo provocado para que los nazis tuvieran una excusa para culpar a los comunistas y suspender las garantías constitucional: «Yo no tenía necesidad de incendiar nada para cargar contra los comunistas, ya que Hitler me había confiado el ministerio prusiano del Interior con el fin de aniquilar precisamente al comunismo».

Las palabras fueron pronunciadas dos meses antes de que este antiguo piloto convertido en líder nazi creara la Gestapo para aplastar a toda la oposición a Hitler. Era la primera señal de lo que estaba por venir y él era uno de los principales responsables. De hecho, fue él quien impulsó el establecimiento de la pena de muerte y quien organizó «destacamentos especiales» para controlar las calles, los restaurantes y los cafés donde se concentraban los enemigos políticos. Y eso que faltaban aún seis años para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto del que fue uno de sus promotores.

Hermann Göring había nació en 1893, en el seno de una familia de buena posición que estaba emparentada o ligada políticamente con personajes prominentes del Gobierno alemán. Su padre, curiosamente, provenía de una familia de judíos suizos convertidos al cristianismo. ¿De dónde sacó, por lo tanto, ese odio hacia su pueblo y por qué se sumó a la causa de Hitler para exterminarlo? Es difícil saberlo, puesto que no todos sus hermanos fueron así.

El hermano bueno

Poco después de entregarse al Ejército norteamericano en la frontera de Austria –tras enviarle un telegrama a Hitler sugiriéndole que le traspasara el poder y que este se suicidara en su búnker–, su hermano menor era también detenido y acusado de participar en las atrocidades del régimen nazi. Resulta comprensible que estos no le creyeran cuando intentó convencerles de que él no era cómplice del nazimo ni apoyó jamás la causa de su hermano.

Los interrogadores estadounidenses desconfiaron de Albert por su apellido, no cabe duda, y llenaron su informe con sarcásticos comentarios como este: «Es uno de los intentos más banales por salvar el honor y lavarse las manos que haya oído hasta ahora el SAIC (Seventh Army Interrogation Center). El descaro de Albert Göring es solo comparable con la masa corporal de su obeso hermano». El detenido no solo negaba que hubiera participado en los crímenes de guerra cometidos por el Tercer Reich, sino que intentó demostrar, portando una lista de 34 nombres y apellidos, que él incluso había salvado la vida numerosos judíos y perseguidos políticos.

La última vez que los dos hermanos se vieron fue en una prisión de guerra, tras haber disfrutado ambos de una infancia privilegiada en el seno de una familia noble que poseía tierras y palacios por toda Alemania. Entre ellos, el impresionante castillo medieval de Mauterndorf, en Austria. Pero ya en aquella época, sin embargo, ambos Göring eran tan diferentes como la noche y el día.

Herman tenía los ojos azules y era más bien bajito y regordete. Albert, por su parte, era de ojos marrones, piel morena y estilizado. Sus personalidades también eran distintas. El futuro líder nazi era extrovertido, fiel creyente de la disciplina y con una carácter irascible, mientras que su hermano menor era rebelde, reflexivo y no comulgaba con las bondades del Ejército.

Tampoco sus trayectorias profesionales fueron ni paralelas. Hermann se convirtió en un héroe de la aviación alemana durante la Primera Guerra Mundial y se afilió al nacionalsocialismo desde el principio. Estuvo tan cerca de Hitler en su ascenso que, tras su triunfo en 1933, este le nombró ministro. Mientras que Albert, por su parte, se licenció en Ingeniería y odió al régimen desde su misma fundación, hasta el punto de que se trasladó pronto a Austria. No quería estar cerca de los delirios del Tercer Reich ni que se le relacionara con ellos por su apellido.

A diferencia de su hermano Hermann, el pequeño de los Göring estuvo muy influenciado por su padrino, von Epenstein. Se trataba de un hombre con mucho mundo, con un carácter bastante jovial y un porte aristocrático. Con esa personalidad heredada, Albert pudo introducirse en los círculos empresariales más selectivos de Austria y llevar una vida tranquila... hasta la fundación del Tercer Reich en 1933.

El activismo de Albert Göring

Con la victoria electoral de Hitler, Albert Göring comenzó a llevar una vida peligrosa de lucha contra el régimen nazi. Una actitud que le acarreó numerosas problemas, teniendo en cuenta que su hermano era uno de los ministros principales de Hitler. En 1933 ya se había sumado a una protesta aristocrática causada por el cierre de la Bauhaus y había apoyado a una delegación de mujeres judías que fueron forzadas a lavar unos bancos en los que se habían sentado. En esta última acción llegó incluso a ser detenido por un oficial de las SS, pero al ver su apellido en la documentación, lo dejó libre. No se libró, sin embargo, de perder las dietas a las que tenía derecho por ser familiar de un alto mando del partido nazi.

En 1938 todo cambió. Cuando los nazis se anexionaron Austria, una de las primeras empresas en expropiar fue Tobis-Sascha-Filmindustrie, la compañía cinematográfica más grande del país. El presidente de la empresa, Oskar Pilzer, fue detenido y entregado a la Gestapo debido a su ascendencia judía. No sabían que había sido jefe y maestro de Albert Göring durante su corta carrera como cineasta. Esa fue la primera vez en la que este puso en riesgo su integridad, al conseguir documentación falsa para su amigo y ayudarle a escapar.

Estas actividades subversivas llegaron pronto a oídos del partido nazi y Viktor Lutze, siguiendo órdenes explícitas de Hitler, lo encarceló durante dos meses en la prisión de Viena. Cuando iba a ser enviado al campo de concentración de Mauthausen, poco antes del inicio de la guerra, su hermano Hermann utilizó sus contactos y lo salvó. También movió los hilos para que fuera nombrado director de exportaciones de una división de la empresa Skoda en Checoslovaquia. Quería alejarlo del régimen y que no le pusiera en un compromiso, pero no lo consiguió. Se volvió más radical.

La resistencia

En su nuevo destino, entró en contacto con la resistencia y empezó a falsificar la firma de su hermano para liberar a disidentes y conmutarles la pena de muerte. A veces, incluso, firmó pasaportes con su puño y letra para que otros pudieran escapar. La Solución Final se había puesto en marcha y envió camiones al campo de concentración de Theresienstadt demandando mano de obra para su empresa. Una forma muy eficaz –empleada por otros héroes como Oskar Schindler–, para sacarlos de las cámaras de gas y dejarlos libres. Obtuvo también cientos de documentos oficiales para que sus trabajadores judíos pudieran hacerse pasar por checos y facilitó planos y características de los coches que fabricaba al enemigo para facilitar posibles atentados.

Entre los que se beneficiaron del valor del hermano de Göring se encuentran, además del director Oskar Pilzer, el compositor Franz Lehar y el director se Skoda Jan Mora, ambos junto a sus familias. La firma de Albert, que plasmaba solo con su apellido, hacía temblar a los funcionarios y militares nazis, lo que le facilitaba que acataran sus órdenes confundidos.

No son muchos los historiadores que han escrito sobre la vida y hazañas de Albert Göring. Uno de ellos es William Hastings Burke en «Treinta y cuatro» (Hardcover, 2009). Título que hace referencia a la lista entregada a los soldados estadounidenses cuando fue capturado y acusado de colaboracionismo. Según el autor, gran parte del desconocimiento que existe acerca de su figura se debe a que el propio protagonista no quiso que se publicara nada al respecto.

La detención

En 1944, el general de la policía de Praga, Karl Hermann Frank, le calificó de «derrotista de la peor calaña» y pidió su detención. Herman Göring intervino de nuevo para frenar toda acción contra su hermano, pese a que sabía con seguridad que las acciones en defensa de los judíos eran totalmente ciertas.

Después de la muerte de Hitler y el desmoronamiento del Tercer Reich, Albert fue una de las primeras personas en ser detenidas por las nuevas autoridades checoslovacas. Fue puesto en libertad nada más conocerse su ayuda a los judíos y a la resistencia. A continuación, fue requerido por las autoridades de la ocupación Aliada en Alemania para ser juzgado en Nuremberg. Durante este arresto coincidió con su hermano, aunque se desconoce si tuvieron alguna conversación. Sin embargo, un juicio previo contra el conglomerado de empresas IG Farben le acabó absolviendo de los crímenes de guerra tras presentar numerosas pruebas de sus acciones.

Su hermano fue condenado a la horca, aunque se suicidio antes con una cápsula de cianuro en 1946. De lo que no se pudo salvar Albert Göring fue de la acusación de haber obtenido un beneficio de 7.000 Reichsmark en las fábricas de Skoda mediante el trabajo de mano de obra esclava. Al no poder aportar pruebas, fue condenado a dos años de cárcel en la Prisión Estatal de Berlín, de donde salió en noviembre de 1947. Cuando fue puesto en libertad, no recuperó el patrimonio de su familia, que había sido confiscado y entregado al régimen de la Alemania Federal.

Pobre, deprimido y alcohólico, Albert encontró refugio en la casa de su antigua ama de llaves, con la que se casó poco antes de morir, en 1966, para que esta tuviera derecho a la pequeña pensión que recibía. Fue enterrado en Munich, aunque su tumba fue desalojada años después por el impago de las cuotas. Sus restos desaparecieron después, sin que una placa que recuerde su memoria.

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