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18/04/2018

Enlace Judío México- por Gil Troy (Traducido por Esti Peled)

El científico que creció en los guetos de Rusia y se convirtió en el primer presidente de Israel




El Dr. Charles Weizmann de Manchester, Inglaterra, portador de 110 patentes, nacido en 1874 como Jaim ben Ozer en un gueto judío de Rusia, es recordado hoy como Jaim Weizmann, el primer presidente de Israel.

El juego de nombres Weizmann ayuda a explicar el sionismo y la revolución judía moderna cuando Israel celebra su 70 aniversario. Su transición del gueto judío al científico-estadista es paralelo al viaje del pueblo judío, de las víctimas a los actores históricos en su hogar, su tierra natal, como desean ser todos los nacionalistas liberales.

Jaim ben-hijo de-Ozer soportó el terror del antisemitismo ruso. Pero también apreció la autonomía cultural de los judíos. El niño precoz rápidamente reconoció dos vías de escape: el camino de la Ilustración al dominar la ciencia como “Charles Weizmann”, y el camino del sionismo para restaurar la dignidad judía como “Jaim”, su nombre hebreo.

Jaim ben Ozer tenía que ser lo suficientemente inteligente para salir de su “shtetl” a los once años y estudiar ciencias en una escuela secundaria de la gran ciudad de Pinsk. Después de estudiar en Alemania, obtuvo un doctorado en química orgánica en Suiza, escapando de las restricciones sobre la creatividad, la identidad y la libertad de los judíos en Rusia. En 1901, el joven de 27 años era asistente en la Universidad de Ginebra. Tres años más tarde, el Departamento de Química de la Universidad de Manchester, donde vivió durante tres décadas, lo nombró Profesor Titular.

El Dr. Charles Weizmann cultivó una personalidad británica gentil, absolutamente predecible, que contrarrestaba las caóticas crueldades del gueto. Weizmann progresó gracias a sus importantes contribuciones en el campo de la bioquímica aplicada. El padre de la fermentación industrial, descomponía las bacterias para producir sustancias naturales en masa que demostraron ser útiles para la industria armamentística.

Cuando la Gran Guerra comenzó en 1914, los británicos necesitaban acetona sintética para la pólvora. Los minerales para hacer acetona por lo general provienen de Alemania y los procesos artificiales para vencer a Alemania vinieron de Weizmann, quien contribuyó gratuitamente.

Mientras se adaptaba, Weizmann recordó a los judíos que habían quedado atrás. En 1885, el niño prodigio de once años abrazó el sionismo, una década antes que el fundador del movimiento moderno, Theodor Herzl. Escribiendo a un maestro, el joven Jaim apoyó la única manera de “rescatar a nuestros hermanos exiliados y oprimidos que … no tienen dónde colocar sus tiendas … llevemos nuestra bandera a Sión y regresemos a nuestra primera madre en cuyas rodillas nacimos“, escribió. El joven Weizmann captó la idea sionista de reconocer a los judíos como un pueblo, no sólo como miembros de una religión, con derecho a establecer un Estado en su tierra natal, Israel.

En días anteriores al establecimiento del Estado, Weizmann reconoció la marginalidad del sionismo y su aparente inutilidad. “Para ser un sionista, no es absolutamente necesario estar algo loco”, admitió, “pero ayuda”.

Aún así, sabía que un Estado judío redimiría a su pueblo, no era sólo anti-antsemitismo. El pueblo judío “nunca ha basado al movimiento sionista en el sufrimiento judío”, insistió. “La base del sionismo fue, y continúa siendo hasta hoy, el anhelo del pueblo judío por su patria, por un centro nacional y una vida nacional” – ¡por la normalidad!

El sionismo de Weizmann lo puso en el lado correcto del gran debate del siglo XX que enfrenta al nacionalismo liberal contra el comunismo totalitario. Era uno de 16 niños (11 sobrevivieron hasta edad adulta), Él y otros ocho hermanos fueron sionistas, emigraron a Palestina y prosperaron. Su hermano Shmuel, quien abrazó el universalismo comunista, fue ejecutado en la Gran Purga de Josef Stalin en 1939. Su hermana María fue encarcelada debido a un plan del doctor paranoico y antisemita de Stalin.

Charles Weizmann llevó este argumento familiar al escenario mundial, cuando estudiaba en Ginebra, debatió los méritos del nacionalismo contra el universalismo, con algunos comunistas rusos exiliados, incluidos León Trotsky y Vladimir Lenin.

Arraigado en la historia judía y enamorado del ingenio británico, Weizmann defendió el sionismo brillantemente. Cuando Lord Arthur Balfour, preguntó por qué los judíos no establecen una patria nacional en Uganda en lugar de Palestina, Weizmann preguntó: “Sr. Balfour, supongamos que le ofreciera París en lugar de Londres, ¿la tomaría?” Balfour respondió: “Pero Dr. Weizmann, tenemos a Londres “. Weizmann respondió:” Es cierto, pero teníamos a Jerusalén cuando Londres era un pantano”.

De igual modo, cuando otro aristócrata preguntó, “¿por qué los judíos insisten en Palestina cuando hay tantos países subdesarrollados en los que podrían establecerse?” El maestro del sionismo respondió: “Es como si le preguntara por qué viaja veinte kilómetros para visitar a su madre cuando hay tantas ancianas en su calle”.

La leyenda dice que Jaim Weizmann aprovechó sus éxitos como “Charles” para hacer historia judía. En 1917, cuando Balfour, Secretario de Relaciones Exteriores, preguntó a su amigo científico cómo honrarlo por su contribución al esfuerzo bélico británico, Weizmann supuestamente respondió: “Sólo hay una cosa que quiero: un hogar nacional para mi pueblo”. La historia sigue: “Muy impresionado, Lord Balfour escribió la famosa Declaración Balfour de 1917 en la que el gobierno británico expresaba su simpatía hacia el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina”.

“Desearía que hubiese sido tan simple como eso”, bromeó Weizmann, “y que nunca habría conocido la angustia, la monotonía que precedió a la Declaración. Pero la historia no es como la lámpara de Aladino”.

Ya sea a través de la negociación o el cabildeo, si Jaim Weizmann sólo hubiese logrado que Gran Bretaña reconociera el sionismo justo antes de asumir el control de Palestina, hubiera sido suficiente. Pero de 1917 a 1948, Weizmann fue el sionista más prominente del mundo, como líder del Movimiento Sionista Mundial durante muchos años. Sin embargo, seguía conectado a las masas judías de las que provenía, mientras encantaba a los estadistas y grandes líderes con los que cenaba.

Weizmann intentó reconciliar a varias facciones, excepto cuando se enfurecía, particularmente con Louis Brandeis. Desestimó el “judaísmo estadounidense” de la Corte Suprema, el sionismo americanizado y exigió enfocarse en “el crecimiento genuino de la vida judía” en Palestina.

Weizmann también se enemistó con los sionistas “revisionistas” de derecha. Respetó los reclamos árabes a la tierra, en lo que llamó “dos derechos”: no el bien contra el mal.

Cuando los alemanes comenzaron a asesinar a judíos en masa en la década de 1930, y los británicos prohibieron la inmigración de judíos a Palestina, Weizmann agonizó. “Ahora hay dos tipos de países en el mundo”, dijo a la Comisión Peel en busca de un compromiso entre judíos y árabes en Palestina en 1936, “los que quieren expulsar a los judíos y los que no quieren admitirlos”.

Un año después, respaldó la propuesta de la Comisión Peel de dividir a Palestina y rogó a los británicos que abrieran las puertas a los judíos amenazados por los nazis. “Díganos con franqueza que el Hogar Nacional está cerrado, y sabremos dónde estamos. Pero los británicos, cuyo imperio de basa en principios morales, no deben hacer esto con una nación que sangra de mil heridas: ese poderoso Imperio no debe cometer este pecado contra el Pueblo del Libro”.

Luego se dirigió a “los árabes” y dijo: “Sabemos que el Mufti [de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini] y [otro colaborador nazi Fawzi al-] Kawkaji no son la nación árabe…. tenemos el derecho de construir nuestro hogar en la Tierra de Israel, sin dañar a nadie, ayudando a todos”.

La década de 1940 fue trágica, para su pueblo y su familia. El avión que volaba uno de sus hijos, piloto de la RAF, fue derribado. El cuerpo de Michael nunca se recuperó, tampoco su padre. El hijo mayor, Benjamín, sufrió una “neurosis de guerra”. A medida que aumentaban las tensiones entre los británicos y los judíos, cuyo destino controlaban, la credibilidad de Weizmann se desvaneció.

Sin embargo, seguía siendo un estadista que hacía época. Él, y su extraordinaria esposa pediatra, Vera, vivían ahora en Israel, y ayudaban a inventar la “nación start-up”, y un Estado en el que podía ser Jaim, el científico y el estadista, el humanista y el judío, todo al mismo tiempo. Confiando en la ciencia, la tecnología y la educación como bloques de construcción del Estado de Israel, Weizmann ayudó a fundar el Technion, la Universidad Hebrea y, en 1934, lo que hoy es el Instituto de Ciencias Weizmann, que recientemente ocupó el sexto lugar en el Índice de Innovación de la Naturaleza.

En mayo de 1948, los líderes de Israel debatieron durante doce horas si declarar un Estado mientras los británicos salían del territorio, y siete ejércitos árabes amenazaban con invadir.

Hace setenta años, Weizmann se convirtió en el primer presidente de Israel. Desempeñarse como jefe de Estado tenía sentido porque encarnaba la justificación de la causa sionista, trascendiendo las sutilezas políticas que pesaban sobre los primeros ministros.

Churchill elogió a este “Profeta del Antiguo Testamento”, cuando Weizmann murió en 1952, como el Moisés que “llevó a su pueblo a la tierra prometida”, un “hombre de visión y genio, cuyo recuerdo duradero será el vigor y la prosperidad del Estado de Israel. El filósofo Isaiah Berlin, llamó a Weizmann, el “autor” de la revolución sionista, lo consideró “el primer judío totalmente libre del mundo moderno”.

Reconociendo la improbable trayectoria que él y el movimiento sionista habían recorrido, Jaim Weizmann, el estadista profético, y Charles Weizmann, el científico pragmático, resonaron en la línea que resume su vida y los primeros 70 años de Israel: “Los milagros algunas veces ocurren, pero uno tiene que trabajar terriblemente para obtenerlos”.

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