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19/02/2019

El Confidencial, España- por Fareed Zakaria

El antisemitismo se expande como el cáncer en el mundo islámico








Hace pocas semanas, la atención se focalizó en dos congresistas demócratas: Ilhan Omar (Minnesota) y Rashida Tlaib (Michigan), ambas musulmanas que hicieron declaraciones críticas sobre Israel y sus fervientes defensores americanos a través de las redes sociales. Sus tweets y comentarios polémicos han sido interpretados por algunos no solo como un simple acto de crítica sino como la evidencia de que existe una oleada creciente de antisemitismo dentro de la 'nueva izquierda'.

Desconozco qué hay en el corazón de estas dos congresistas, pero creo que estas dos musulmanas deberían ser especialmente cuidadosas a la hora de hablar sobre estos asuntos porque el antisemitismo se ha propagado a través del mundo islámico como un cáncer. Por supuesto que ni Omar ni Tlaib son responsables de esta expansión, pero deberían ser más conscientes de este clima tan nocivo. En 2014, la Liga de Antidifamación realizó una encuesta en más de 100 países sobre la actitud de estos hacia los judíos. El resultado desveló que el antisemitismo era el doble de veces más común entre los musulmanes que entre los cristianos, y mucho más frecuente en Oriente Medio que en América. Esto a veces va más allá de los sentimientos y se convierte en ataques terroristas contra judíos, incluso contra niños, como ya sucedió en Francia.

Pero no siempre fue así, aunque parezca sorprendente. De hecho, a lo largo de la historia, el Oriente Medio musulmán fue hospitalario con los judíos cuando los cristianos europeos les asesinaban o les expulsaban. El reconocido historiador Bernard Lewis una vez me dijo: "La gente tiene claro que, de 1940 a 1950, centenares de judíos huyeron a países árabes. Pero rara vez se preguntan por qué tantos judíos vivían en esas tierras desde el principio".

En su trascendental obra, 'Los Judíos del Islam', Lewis señala que durante la Edad Media, cuando la polémica contra los judíos era habitual en el mundo de los católicos, estos últimos eran los raros en el mundo islámico. A comienzos de siglo de la ley islámica, él escribió que había "un tipo de simbiosis entre los judíos y sus vecinos que no tenía paragón en el mundo occidental entre los helenísticos y la Edad Moderna. Judíos y musulmanes mantuvieron un contacto extenso e íntimo en que se incluía una asociación intelectual y social de cooperación, puesta en común e incluso relaciones personales de amistad". Así pues, no se debería sobrevalorar el estatus de los judíos entonces, pues eran considerados ciudadanos de segunda, pero sí que fueron aceptados y apoyados en mayor medida dentro de la sociedad musulmana que en la cristiana.

Las cosas comenzaron a cambiar en el mundo musulmán a finales del siglo XIX, cuando, de acuerdo con Lewis, "como resultado directo de la influencia europea, aparecieron los primeros movimientos entre musulmanes a través de los cuales y por primera vez se podía utilizar legítimamente el término antisemíta". A los musulmanes les preocupaba que los británicos, que comenzaban a dirigir gran parte de Oriente Medio, favorecieran a las reducidas comunidades no musulmanas, especialmente a los judíos. Así, los musulmanes empezaron a importan tropas antisemitas europeas como el concepto de 'Blood Libel' (acusación por la que se afirmaba que los judíos realizaban crímenes empleando sangre humana durante sus rituales religiosos) y otras confabulaciones antisemitas que buscaban introducirse en el ideario árabe, incluido el notorio 'Los protocolo de los sabios de Sión'.

Lo que realmente sobrealimentó estas actitudes fue la fundación de Israel en 1948 y la determinación de los líderes árabes de derrotarlo. En el afán por deslegitimar al estado judío, varios hombres como el presidente egipcio Abdel Nasser promovió todo tipo de literatura y retórica antisemita. Los estados árabes desarrollaron una vasta maquinaria de propaganda por el antisemitismo, así como el lavado de cerebro de los más jóvenes todo con ideas cargadas de odio contra los judíos. Incluso el supuesto secular presidente de Siria, Bashar al- Assad, declaró en 2001 que los israelíes estaban "tratando de acabar los valores divinos de las religiones, con la misma mentalidad que les motivó a traicionar y torturar a Cristo y, en el mismo sentido, con la que tratan de traicionar al profeta Muhammad". Otros estados religios como Arabia Saudí fueron igual de intransigente, si no peor.

Décadas de propaganda de Estado han surtido su efecto. El antisemitismo forma parte del discurso rutinario de la población musulmana en el Oriente Medio e incluso más allá. Mientras algunos gobiernos árabes ya han renunciado a esta promoción activa del odio, el daño ya está hecho.

Se puede criticar a Israel. Como Peter Beinart ha escrito: "Establecer dos sistemas legales en el mismo territorio - uno para los judíos y otro para los palestinos, como ha hecho Israel en Cisjordania - resulta intolerante... Y ha durado más de medio siglo". También, se puede hablar de la enorme influencia política que ejerce el Comité de Asuntos públicos americanos israelí (Aipac por sus siglas en inglés). Recuerdo cómo los senadores admitían en privado su preocupación por si la Aipac les señalaba al apoyar el acuerdo nuclear con Irán. (Se da por supuesto que intervinieron otros 'lobbies' y que no es la única razón por la que los senadores votaron en contra de este acuerdo). Estos asuntos están legitimados para ser debatidos y negociados de forma enérgica tanto en los Estados Unidos como en Israel.

Desafortunadamente, basándome en los asuntos descritos por estas dos representantes, creo que ambas han desaprovechado una buena oportunidad para abordar este debate tan relevante.

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