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19/10/2017

Nueva Sion- por Damián Szvalb

Después del Isis, Hezbollah






Luego de estar opacado por la omnipresencia del ISIS en el escenario mundial, Hezbollah se prepara para convertirse, otra vez, en un actor central en el Medio Oriente. Conforme ISIS sigue extinguiéndose territorialmente, el grupo chiita da señales de robustez y aparece como uno de los grandes ganadores de las luchas internas que han ido desintegrando Medio Oriente.

En Israel saben bien qué significa que Hezbollah haya salido victorioso de su guerra contra ISIS. Por eso, en su frontera norte, ya está en estado de alerta luego de haber pasado estos últimos tres años al margen de la guerra civil en Siria y del caos del que se apoderó la región. Los israelíes observaban desde muy cerca cómo sus históricos enemigos dirimían sangrientamente eternas disputas de las que ellos eran totalmente ajenos. Por eso hicieron lo mejor que podían hacer: no involucrarse.

Pero esto parece haber cambiado e Israel está convencido de que más temprano que tarde volverá a ocupar el centro de la escena. Y esta vez no será otro “round” contra Hamas en Gaza como en 2014. Prevén algo mucho más grave. Ya no ven a Hezbollah como un simple grupo terrorista, sino como algo mucho más poderoso: un ejército armado hasta los dientes, cada vez más profesional y con una ventaja decisiva: mientras mantiene la apariencia de una fuerza militar convencional sigue actuando como una organización terrorista, totalmente fuera de ley internacional.

En Israel recuerdan con mucha preocupación la guerra con Hezbollah de 2006, donde el grupo chiita mantuvo un enfrentamiento que duró más de 32 días. Una enormidad de tiempo para un país acostumbrado, hasta ese momento, a resolver sus conflictos militares rápida y eficientemente. La capacidad militar mostrada por Hezbollah en aquella oportunidad sorprendió a todos, también su poder de daño.

Hoy, 11 años después, se sospecha que el poder de Hezbollah puede ser más letal aun. Y tiene un condimento extra que no es menor: vienen de conseguir una victoria geopolítica clave, junto al gran enemigo de Israel en la región, Irán. El grupo chiita aportó, y mucho, para correr a ISIS de su califato y mantener en el poder a Bashar al-Asad en Siria. Con esto se aseguró, entre otras cosas, que el vínculo político y militar con Irán se mantiene intacto. Pésima noticia para Israel.

Desde que ISIS logró instalar su “Califato” en 2014 en un vasto territorio entre el noreste de Siria y el noroeste de Irak, Hezbollah lo vio como una amenaza descontrolada. "Una amenaza para todo el mundo" decían en aquel momento, para exponer un peligro que en realidad recaía sobre sus propios intereses y los de Irán. Su poder de fuego, combinado con su origen sunita, conmocionaron a la cúpula de Hezbollah, que leyó lo que estaba pasando como el inicio de un nuevo proyecto dedicado a reconfigurar el mapa en Oriente Medio, en el que no iba a haber lugar para ellos. Hezbollah vinculó la expansión del ISIS a la propagación del wahabismo, la rama del Islam seguida en Arabia Saudita, que exige una obediencia absoluta a las leyes islámicas.

La guerra fría al interior del mundo árabe

En definitiva, lo que reveló y aceleró la aparición del ISIS fue una guerra fría entre sunitas y chiitas, manifestación del enfrentamiento histórico entre Arabia Saudita e Irán por el liderazgo dentro del mundo musulmán y de Medio Oriente. Fue allí donde dejó de haber dudas y Hezbollah, respaldado por Irán, se involucró en la guerra siria para mantener el status quo. Esto era, no permitir que nada ni nadie afecte la influencia que Irán viene construyendo desde que Bush hijo les sacó del medio a Saddam Hussein en 2003 y que Obama consolidó cuando firmó el acuerdo nuclear.

Tras el fin de la guerra en Siria, muchos combatientes de Hezbollah que lucharon junto al ejército de Al-Ásad están volviendo al sur del Líbano. Israel los imagina apostados frente a la Galilea y a los Altos del Golán. Por eso, y aunque no cree que pueda o quiera hacer algo para frenarlos, ya avisó a Naciones Unidas para que refuerce la vigilancia de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNFIL).

Ningún experto militar, ni mucho menos los israelíes, duda que Hezbollah alcanzó un alto grado de profesionalización. A su cada vez más poderoso arsenal (lo israelíes creen que cuentan con cien mil cohetes de corto alcance y con varios miles que pueden llegar a golpear hasta Tel Aviv, en el centro del país, como en 2006), se suma la experiencia adquirida durante estos años combatiendo en la guerra siria al lado de la Guardia Revolucionaria iraní.

El peor escenario

Hay otro dato que alarmó a los israelíes: la ONU confirmó que de los 33 ataques con armas químicas en la guerra de Siria, 27 han sido responsabilidad del régimen de Damasco. Esto explica el ataque israelí de los últimos días a una planta de armas químicas del régimen de Al-Ásad. ¿Israel teme que Siria use ese armamento para atacarlo o que el “triunfante” Bashar al-Ásad, en una devolución de favores por los servicios prestados en la guerra civil, se lo facilite a Hezbollah para que lo utilice en una eventual escalada con Israel? Esto se presentaría como el peor escenario. Para todos.

Hezbollah no sólo mantiene su poder en el sur del Líbano y condiciona toda la política interior y exterior de ese país, sino que fue un actor central para borrar la presencia física de ISIS en la región. Ahora parece estar dispuesto a retomar la agenda que más le interesa: volver a colocar en la vidriera su conflicto con Israel más allá que en 2001 ese país retiró a todos sus soldados del Líbano, poniendo fin, según la ONU, al conflicto entre ambos países.

A principios de siglo, y con la retirada de Israel, muchos pensaron que Hezbollah podía abandonar las armas y virar definitivamente hacia la política, ya que siempre mantuvo presencia en la vida política libanesa. Sin embargo, en el 2006 les demostró a todos que entre sus intereses no están los debates parlamentarios.

Alineado abiertamente con el régimen iraní, Hezbollah cree estar preparado para consolidarse con un actor central en lo que se imagina una nueva configuración de Medio Oriente, a la que Israel, por supuesto, no está invitado. También necesita demostrar musculatura para enviarles un mensaje cargado de poder a los gobiernos sunitas de la región y a toda la calle árabe. Para eso Israel siempre es el enemigo ideal. El gobierno de Netanyahu lo sabe y por eso ya imagina un próximo enfrentamiento que volvería a ubicar a Israel en el centro de la escena.

* Magister en Relaciones Internacionales (UTDT)

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