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18/06/2018

El Nuevo Herald – por Roland Behar

Cuando el mundo aplaudió




Al cumplirse el 51 aniversario de la Guerra de los Seis Días, es bueno recordar que, hasta 1964, los israelíes habían tratado de sobrevivir y desarrollarse en los territorios que conservaron luego de la Guerra de Independencia (1948-1949).

Tenían la intención de vivir en paz. No pretendían arrebatar territorio a los árabes que ocupaban la margen occidental del Jordán (incluyendo Jerusalén oriental) y la Franja de Gaza.

Es en 1964 que nace la Organización de Liberación de Palestina (OLP). La facción más grande, Fatah, dominó la organización. Su líder, Yasser Arafat, se convirtió en su presidente. Sus objetivos siempre fueron –y aún lo son– la destrucción de Israel. Desde entonces comenzaron operaciones comando desde el Líbano, Jordania y Egipto.

El rey Hussein temía que la OLP pudiera tratar de deponerlo con la ayuda de Nasser o que los ataques de la OLP contra Israel provocaran represalias por parte de las fuerzas israelíes.

En septiembre de 1965, los líderes árabes se reunieron en el Hotel Casablanca de Marruecos junto a sus jefes militares y de inteligencia para discutir planes de guerra contra Israel. El rey Hassan II, que era el anfitrión, grabó secretamente lo dicho en la reunión y entregó la grabación a la inteligencia israelí.

El ejército sirio usó los Altos del Golán para bombardear granjas y aldeas israelíes. Estos ataques se intensificaron entre 1965 y 1966, obligando a los israelíes a dormir en refugios antiaéreos. Al final, Israel respondió derribando seis aviones MIG de combate sirios el 7 de abril de 1967.

A principios de mayo, la Unión Soviética le dio a Egipto información falsa de que Israel había concentrado tropas a lo largo de la frontera norte en preparación para un ataque contra Siria. En respuesta, las tropas egipcias comenzaron a asentarse en el Sinaí y cerca de la frontera israelí. Para el 18 de mayo, las tropas sirias estaban preparadas para la batalla, a lo largo de los Altos del Golán.

Nasser anunciaría: “Los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria y Líbano se encuentran en las fronteras de Israel ... para enfrentar el desafío, mientras que detrás de nosotros están los ejércitos de Irak, Argelia, Kuwait, Sudán y toda la nación árabe. Este acto asombrará al mundo. Hoy sabrán que los árabes están preparados para la batalla, ha llegado la hora crítica. Hemos llegado a una etapa de acción seria y no de declaraciones”.

Israel se anticipó al ataque árabe. El 5 de junio, el primer ministro Eshkol dio la orden de atacar a Egipto y así se inició la Guerra de los Seis Días, la cual se libró entre el 5 y el 10 de junio de 1967 entre Israel y Egipto, Jordania y Siria.

Toda la Fuerza Aérea israelí, a excepción de sólo 12 aviones asignados para defender el espacio aéreo israelí, despegó a las 7:14 a.m. en la Operación Moked mientras los pilotos egipcios desayunaban.

Ya a las 11:05 a.m., 180 aviones egipcios habían sido destruidos. Los combatientes israelíes atacaron, posteriormente, a las fuerzas aéreas sirias y jordanas, así como a un aeródromo iraquí. En total, Israel confirmó haber destruido 302 aviones egipcios, 20 jordanos y 52 sirios.

Se libraron, en el terreno, las batallas de tanques más grandes de la historia: enfrentados Egipto e Israel, en el desierto del Sinaí. El 9 de junio, a las 5:45 a.m., el jefe del Comando Sur, mayor general Yeshayahu Gavish, informó: “Las fuerzas de las FDI están en las orillas del Canal de Suez y el Mar Rojo. La Península del Sinaí está en nuestras manos”.

Los israelíes no tenían intención de atacar a Jordania ni ocupar Jerusalén Oriental, ni la margen occidental del Jordán. El primer ministro Levi Eshkol envió un mensaje al rey Hussein el 5 de junio diciendo que Israel no atacaría a Jordania a menos que iniciara hostilidades. El rey respondió enviando más tropas.

A las 6:15 a.m. del 7 de junio, Dayan ordenó el cerco de la Ciudad Vieja e instruyó al ejército a entrar advertido de no dañar ninguno de los lugares sagrados. El oficial al mando comunicó: “El Monte del Templo está en nuestras manos y nuestras fuerzas están al lado del Muro”.

Así libró Israel la tercera guerra defensiva en que fue obligado a participar. Desafortunadamente, la historia ha vuelto a repetirse más de una vez: los árabes insisten en la destrucción de Israel y los israelíes (que no tienen hacia dónde irse) defienden su terruño. Ahora, mientras escribo estas líneas, Israel es atacado desde su frontera con Gaza, en el seno de las Naciones Unidas y por la Unión Europea por defender su derecho a sobrevivir. Quiera que el D-os de Isaac siga como hasta ahora, proteja a Israel y le permita, como hasta ahora, derrotar a quienes quieren destruirle. ¿A Usted no le parece? A mí sí.

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