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24/03/2020

Contradicciones en la lucha de Francia contra la violencia antisemita






Hatzad Hasheni – Por Dra. Tsilla Hershco

Las expectativas y aspiraciones de Francia en combatir contra el aumento de la violencia antisemita en suelo francés, que ya ha alcanzado niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial, no ha producido los resultados deseados. A pesar de estar conscientes de que los autores de esta violencia son principalmente miembros radicalizados pertenecientes a la comunidad musulmana, Francia reformula su batalla contra el antisemitismo en una lucha mucho más amplia contra el racismo y la homofobia, lo cual hace diluir su eficacia. Y aunque Francia está muy consciente de la correlación entre anti-sionismo y antisemitismo, este o se une o se abstiene emitir de resoluciones internacionales parcializadas y discriminatorias que lo único que logran es aislar y deslegitimar al estado judío.

En ocasión al Día Internacional del Recordatorio del Holocausto, que este año señaló el 75avo aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el Presidente francés Emmanuel Macron repitió su compromiso y determinación de luchar contra la “oscura sombra” del antisemitismo. Este lo definió como una preocupación no solo para los judíos, sino también para todos los “demás”. Macron advirtió que siempre se produce un incremento en el antisemitismo cuando las democracias se ven debilitadas, incluso en Francia. En alocuciones anteriores sobre el tema, Macron expresó su profunda preocupación por el incremento sin precedentes de incidentes antisemitas en Francia desde la Segunda Guerra Mundial (un incremento del 79% en la primera mitad del 2019 respecto al año anterior). Macron, al igual que sus predecesores, presentó el antisemitismo como un peligro para los valores básicos de la República Francesa.

Francia fue el primer país en otorgarle los mismos derechos a su comunidad judía. Durante muchos años, este fue refugio a miles de refugiados judíos agradecidos que huyeron de la persecución ocurrida en otros países europeos y posteriormente se integraron a todas las esferas de la vida francesa. Sin embargo, Francia también experimentó incidentes y períodos antisemitas extremadamente graves, incluyendo el Caso Dreyfus y la colaboración del régimen Vichy francés con los alemanes en la “solución final” de los judíos de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de una cuarta parte de los judíos franceses perecieron en el Holocausto, aunque hubo individuos franceses muy “justos” que rescataron a judíos en cooperación con grupos autónomos de la resistencia judía.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía francesa se recuperó y su número aumentó después de la llegada de varios miles de judíos del norte de África que huyeron hacia Francia debido a la persecución que ocurría en sus países de origen. Estos se integraron totalmente a la república francesa. La comunidad judía francesa de 600.000 miembros se convirtió en la tercera mayor comunidad de la diáspora judía del mundo después de las comunidades judías estadounidense y soviética/rusa.

De vez en cuando, la comunidad judía francesa ha experimentado formas de antisemitismo violento, tales como el atentado a la sinagoga Kupernik en 1980 y el ataque con armas de fuego al legendario restaurante judío Goldenberg en 1982. Ambos atentados fueron perpetrados por terroristas palestinos.

La ola más significativa de violencia antisemita comenzó en otoño del año 2000 luego de la denominada “Intifada Al-Aqsa” realizada por Yasser Arafat. Esta ola de violencia contra los judíos franceses fue perpetrada principalmente por musulmanes de origen norafricano. Desde ese entonces, mientras los musulmanes en Francia se radicalizaban cada vez más, los judíos franceses han sido blanco de ataques antisemitas cada vez más violentos.

La población francesa se ha visto conmocionada en los últimos años por una serie de asesinatos a víctimas judías perpetrados por musulmanes, como el ataque a la escuela judía en Toulouse ocurrido en abril, 2011; el ataque al supermercado judío parisino “Hyper Cacher” en enero del 2015; el asesinato de Sarah Halimi, una médica judía de 65 años ocurrido en abril del 2017; y el asesinato de Mireille Knoll, sobreviviente del Holocausto de 85 años de edad, en marzo del 2018.

Estos actos de violencia antisemita extremos provocaron condenas y manifestaciones masivas a las que asistieron representantes de todo el espectro político. En estas manifestaciones, los participantes pidieron al gobierno que inicie medidas firmes para detener la violencia. En noviembre del 2018, el Primer Ministro Edouard Philippe anunció la creación de un nuevo grupo de trabajo para tratar el antisemitismo en las escuelas y prometió intensificar la lucha contra el “antisemitismo, contra el racismo y la homofobia” en la red. Francia también amplió la enseñanza de los planes de estudio relacionados con el Holocausto en sus escuelas republicanas, incluyendo aquellas en las zonas suburbanas con grandes poblaciones musulmanas.

La vergüenza y preocupación de Francia por la creciente violencia antisemita es sincera, al igual que su deseo de combatirla. Sin embargo, este deseo choca con el nerviosismo francés de señalar a la inmensa población musulmana, lo que a la larga pudiera provocar acusaciones de “islamofobia”.

Estas preocupaciones contradictorias aparentemente se ven reflejadas en el anuncio dado por Philippe en noviembre del 2018, en el que incluyó la lucha contra el antisemitismo en un marco mucho más amplio de la lucha contra el racismo y la xenofobia, reduciendo de esta manera su efectividad. Francis Kalifat, presidente del CRIJF (Consejo Representativo de las Instituciones Judías Francesas), en reacción a la declaración de Philippe, subrayó la necesidad de abordar el antisemitismo como un problema único y peculiar.

El Presidente Macron, dirigiéndose a los líderes judíos en febrero, 2019 en la reunión anual del CRIJF, atribuyó el incremento de los incidentes antisemitas a los grupos de extrema izquierda y extrema derecha que operan dentro de las manifestaciones masivas del grupo “chalecos amarillos” (Gillets Jaunes). Este también repitió lo que dijo en julio, 2017: que el anti-sionismo es una forma moderna de antisemitismo y que Francia adoptara formalmente tal definición.

Efectivamente, el 3 de diciembre, 2019 el parlamento francés adoptó la definición pauta del Consejo al Recordatorio del Holocausto [IHRA] por las cuales el anti-sionismo es considerado una expresión de antisemitismo. La decisión señala acertadamente que no todas las críticas a Israel expresan antisemitismo, sino solo aquellas expresiones de odio que, por ejemplo, niegan el derecho del pueblo judío a la libre determinación, “en parte a través de la afirmación de que la existencia del Estado de Israel es una iniciativa racista”.

A pesar de este reconocimiento a la correlación existente entre anti-sionismo y antisemitismo, Francia se une, o no se opone, a las resoluciones parcializadas y discriminatorias promovidas por los estados y organizaciones antisemitas que señalan a Israel y establecen una equivalencia moral entre su lucha contra el terrorismo y las acciones de los agentes estados antisemitas terroristas afiliados a Irán, como por ejemplo Hamas y Hezbollah.

Por ejemplo, en el mes de julio, 2019, Francia votó a favor de una resolución del Consejo Económico y Social de la ONU que señalaba a Israel por ser supuestamente el “obstáculo principal para el avance, la auto-suficiencia e integración de la mujer palestina en el desarrollo de su sociedad”. En esta votación, Francia no solo apoyó un falso informe, compuesto por un parcializado miembro libanés del Comité de Coordinación de Normas de las Naciones Unidas (CCNNU), sino que también se unió a una compuesta mayoría de estados no-democráticos (tales como Irán) que son serios violadores de los derechos humanos y que declaran su intención de destruir al estado judío. A diferencia de Francia, otros estados democráticos occidentales, como lo son Estados Unidos, Canadá y Alemania, se opusieron a la resolución.

Además, el 6 de septiembre, 2019 Francia inició con una declaración en el Consejo de Seguridad de la ONU condenando las (supuestas) violaciones de Israel a su frontera con el Líbano y pidiendo a todas las partes que honren el cese a las hostilidades. La iniciativa reflejó la preocupación de Francia por las crecientes tensiones tras los intentos de Israel de evitar que Hezbollah mejore sus misiles de precisión y las represalias del grupo terrorista. Estados Unidos vetó la propuesta de Francia, subrayando que era imposible poner a Israel, un país que se defiende a sí mismo, en igualdad de condiciones con Hezbollah, una organización terrorista designada. Francia y los estados de la Unión Europea designaron solo al “ala militar” de Hezbollah como organización terrorista a pesar del intratable vínculo entre las alas “políticas” y “militares” de la organización. Macron justificó la negativa de Francia en designar al “ala política” de Hezbollah como organización terrorista, a pesar de sus amenazas de destruir el Estado de Israel y lastimar a sus residentes, con el argumento cuestionable de que Hezbollah es parte del régimen democrático del Líbano y contribuye a su estabilidad democrática.

Las mismas actitudes paradójicas son evidentes en las declaraciones de los franceses respecto a los ataques terroristas llevados a cabo por Hamas y el grupo Yihad Islámico palestino que atacan a la población civil israelí con misiles. Esos grupos pronuncian abiertamente su intención de destruir al estado de Israel en su totalidad, al igual que su patrón iraní, que les provee de armamento avanzado y entrenamiento militar. Francia condenó el lanzamiento de misiles hacia Israel, pero diluyó su condena expresando preocupación por la pérdida de vidas humanas entre ambas partes, instando a la moderación mutua y pidiendo a Israel que detenga su bloqueo a Gaza. Al poner a las organizaciones terroristas e Israel a la par, Francia expuso su doble discurso respecto a su propia lucha contra el terrorismo y las acciones justificadas de auto-defensa por parte de Israel contra las organizaciones y entidades terroristas.

El 2 de diciembre, 2019 la Asamblea General de la ONU aprobó resoluciones anti-Israel que se centraron solo en Israel y su presunta violación a los derechos de los palestinos, incluyendo la zona de los Altos del Golán. Las resoluciones fueron aprobadas por la mayoría de los violadores en serie de los derechos humanos, incluyendo Siria e Irán. Francia se abstuvo y no se unió a los otros estados europeos, como Alemania, para votar en contra de las resoluciones y declararlas parcializadas y discriminatorias contra Israel.

Eventualmente, la lucha de Francia contra el antisemitismo se ve socavada por las contradicciones y discrepancias entre sus propios decididos esfuerzos para frenar el antisemitismo dentro de Francia y su enfoque tradicionalmente atractivo hacia el mismo tema en el Medio Oriente. Francia reconoce la urgencia de la lucha contra el antisemitismo: un flagelo que desafía la ley republicana y el orden público, socava sus valores fundamentales, pone en peligro su estabilidad social y es perjudicial para su imagen moral. Francia también reconoce la correlación entre anti-sionismo y antisemitismo. Sin embargo, unirse o no oponerse a resoluciones discriminatorias parcializadas promovidas por estados y organizaciones antisemitas que aspiran abiertamente a eliminar al estado judío es perjudicial para la lucha de Francia contra el antisemitismo en el frente local, ya que alienta a aquellos antisemitas perpetradores a que continúen con sus crímenes.

*La Dra. Tsilla Hershco es investigadora asociada en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat (BESA) y miembro de Spiegel en el Instituto Finkler de Investigación del Holocausto en la Universidad Bar-Ilan.

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