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29/11/2017

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

Con Ariel Bergamino, flamante Viceministro de Relaciones Exteriores






Ana Jerozolimski entrevista a uno de los hombres más cercanos al presidente Vázquez, que tras ser varios años embajador en Cuba, se desempeña hoy como sub secretario de Relaciones Exteriores.

Tras desempeñarse durante más de siete años (con un año de interrupción en el medio) como Embajador de Uruguay en Cuba, Ariel Bergamino, de los más cercanos colaboradores del Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez, fue convocado por él a ocupar el cargo de Sub Secretario de Relaciones Exteriores.

Lo tomó como un honor y un gran desafío.

Sobre la mesa siempre están, al trabajar en política exterior, las singulares amenazas en el mundo de hoy, como el terrorismo. "Nadie está a salvo", señala Bergamino, aunque en Uruguay no se lo perciba como amenaza inmediata.

P: Hace poco que usted asumió como Sub Secretario de Relaciones Exteriores, en lo que imagino debe estar viviendo como un cambio bastante grande. ¿Cómo se siente en el nuevo cargo?
R: Estoy aterrizando... Yo hacía siete años que estaba en Cuba como embajador. En realidad, cinco años entre el 2009 y el 2014, luego un año de regreso en Uruguay en la actividad política, la campaña electoral, y en el 2015 el presidente me propone volver a Cuba como embajador. En julio de este año el presidente me propone regresar a Uruguay a ocupar este cargo y eso se confirmó en los primeros días de agosto, y en los primeros días de setiembre ya volví para Uruguay, así que en poco más de un mes y con un huracán en el medio tuve que terminar mi misión en Cuba, cerrar la gestión desde el punto de vista administrativo, contable, diplomático, político y demás, y venir para acá. Y llegué a Uruguay un domingo al mediodía y el lunes ya me presenté acá, hice dos o tres días de relevo con "Joselo" [José Luis Cancela] e inmediatamente asumí como subsecretario. Y a las dos horas como ministro interino, porque Nin tenía que viajar. Y la verdad, miro para atrás y me parece no hace casi dos meses que llegué sino mucho más tiempo.

P: ¿Y por qué Ariel? Es que por un lado Uruguay no lidia con amenazas a su seguridad pero... ¿lidiar con los temas de política exterior siempre hace en cierta medida sentirse agobiado?
R: Sí. Por varias razones. Lo primero, para mí es un enorme honor ocupar este cargo que se me ha confiado por parte del presidente y del ministro. Secundar la labor de Rodolfo (Nin Novoa) es un placer realmente. Primero que nada, es una gran persona de excelente calidad humana, y eso es lo fundamental. También es un desafío porque tiene un ritmo de trabajo muy intenso y es muy exigente al mismo tiempo. Y también es un desafío suceder a un profesional como "Joselo", que ha sido un gran subsecretario, es un diplomático destacadísimo, yo no tengo el perfil que tiene él; tal vez mis tareas, mis prioridades, capaz que son otras. Y después, la Cancillería -yo lo dije acá el día que asumí-, tiene mala prensa.

P: ¿Así lo siente?
R: O mala fama, tal vez. O algo así. Ambrose Bierce, que era un periodista estadounidense de fines del siglo XIX, hacía unas columnas muy corrosivas, muy sarcásticas, y entre otras cosas, algunos ensayos, y también publicó una obra que se llama "El diccionario del Diablo", donde él definía algunas cosas. Y respecto a la diplomacia decía: "Arte de mentir y pasarla bien en nombre de un país". ¡Era durísimo!

P: Como si los diplomáticos se pasaran en recepciones en lugar de trabajar...
R: Yo no niego que pueda haber casos que son así, pero son excepcionales, y me consta que acá en la Cancillería uruguaya realmente se trabaja, muchísimo, con un enorme compromiso profesional e institucional. Abordando un arco amplísimo de temas. A veces le digo acá a mi equipo: "Yo estoy tratando en estos dos meses de dominar mi propia agenda", porque los hechos van marcando, surgen temas y todo es importante y todo es urgente. Y gobernar es, en última instancia, atender el presente, pero también prever el futuro en lo que el mismo tiene de previsible.

LA AMENAZA TERRORISTA

P: En cuanto a los temas a tratar, yo decía antes que Uruguay no lidia con amenazas a su seguridad.
R: Nadie está libre. El mundo actual es muy complejo. Nunca la humanidad tuvo tantos instrumentos de progreso y de prosperidad, y al mismo tiempo nunca estuvo tan amenazada. Nunca antes el hombre estuvo tan conectado y sin embargo estuvo tan solo. Es un mundo en el cual hay millones de personas que mueren por no comer o por no alimentarse adecuadamente, y hay millones de personas que en el mundo actual mueren por comer demasiado. Además, siempre hubo intolerancia, pero hoy está exacerbada... A veces tenemos incertidumbre respecto a qué será de este mundo dentro de 20 o 30 años, eso genera mucha incertidumbre. Y ante la incertidumbre aflora lo peor del ser humano, siempre es así.

P: Ahondemos en ese "nadie está libre" que usted dijo cuando pregunté sobre las amenazas...La amenaza del terrorismo global, ¿es la gran amenaza quizás a nivel político, de violencia?
R: Sin duda, creo que el terrorismo, toda forma de delito y de crimen organizado son amenazas fuertes que hay. Son amenazas con las cuales hay que estar siempre alerta, y hay que tomar medidas precautorias. Es verdad, Uruguay no es un país que sea un blanco de ataques terroristas, pero ¿quién puede garantizar que en algún momento no pueda haber?

P: Pasó en la vecina orilla.
R: Pasó en la vecina orilla, y puede pasar. Esa cuestión de que el terror puede estar en cualquier momento y en cualquier lugar genera incertidumbre, inseguridad. La violencia puede aparecer y no sabemos a veces los motivos. A veces se saben y a veces no. El convivir con una incertidumbre hace que la sociedad en general se retrotraiga, se pierde ciudadanía: "mejor me quedo en casa, me encierro en casa, pongo reja, alarma, no sé qué". Me desentiendo de lo que pasa de la puerta de mi casa hacia afuera. Empieza la cultura del no te metas, desentiéndete, y eso es peligroso. Y volviendo a tu pregunta concretamente: hay que tomar medidas, hay que estar siempre alerta.

P: ¿En qué medida la amenaza del terrorismo está sobre la mesa en la Cancillería uruguaya como algo que seriamente hay que tomar en cuenta más allá del comentario filosófico de que "le puede pasar a cualquiera"?
R: Es un factor, es un componente que siempre está acá en la Cancillería, pero no solamente acá, se trabaja coordinadamente a nivel interministerial, porque el tema del terrorismo no solamente afecta al área de la Cancillería, es un área del Ministerio de Defensa, es un área del Ministerio del Interior, hay una Secretaría de Inteligencia que se ha creado recientemente, que funciona en la órbita de la Presidencia de la República, en donde se está alerta a todos estos temas.

P: O sea que es un tema presente.
R: Hay que tenerlo presente, no puede inhibirte de hacer otras cosas. No. Tienes que seguir adelante en la construcción del país en sus distintos aspectos, pero ciertamente es un tema que tienes que prever. Y prever no solamente desde el punto de vista filosófico sino también práctico. Este país naturalmente tiene que defenderse de la amenaza del terrorismo.

P: ¿Uruguay está preparado para lidiar con una amenaza así? ¿Tiene la fortaleza Uruguay para lidiar con una amenaza de ese tipo?
R: Tal vez no tenemos la fortaleza que tienen otros países, no tenemos el grado de desarrollo, pero es un tema en el cual se viene trabajando y se viene, sí, construyendo. Tal vez no estamos en un nivel óptimo, pero estamos mucho mejor que hace tiempo. Creo que hay un trabajo en ese sentido coordinado además de articulación institucional. Además hay que tomar medidas precautorias, y también hay que llevar adelante una política de educación para la paz, para la convivencia. Hay que también atacar todas aquellas situaciones en las cuales el terrorismo o políticas del terror prenden, ¿no? Hay que atacar el delito, pero también hay que atacar las causas del delito, hay que ser implacable con el delito, hay que ser implacable con el terrorismo. Implacable. Pero también hay que trabajar sobre las causas que lo generan porque las cosas no pasan porque sí, en estas cosas hay poco margen para la casualidad. Intentamos un equilibrio adecuado entre el tomar medidas precautorias sin vulnerar derechos elementales, es decir, respetar el Derecho Internacional. No es fácil.

P: Y el problema de fondo es que el terrorismo no se apega a limitaciones, no se apega a esas normas de Derecho Internacional. ¿Cree que a veces las democracias llevan a veces las de perder en esa lucha, a priori?
R: Tienen que prepararse. Creo que al terrorismo se lo combate con medidas precautorias, pero también fortaleciendo la institucionalidad democrática y fortaleciendo la ciudadanía y fortaleciendo la educación, en valores de convivencia, de paz, de respeto. Creo que el terrorismo prende donde hay desigualdades, situaciones de injusticia extrema, donde hay desequilibrios, entonces ahí hay que atacar eso.

P: Ese punto es un poco problemático. Vemos lo que ha pasado con el terrorismo fundamentalista islámico, cuyas principales víctimas han sido los propios árabes, musulmanes, civiles, en regímenes autoritarios, y también ciudadanos del mundo libre en grandes democracias. Quizás esa comprensión sobre la necesidad de luchar contra los orígenes suena muy bien, pero en la práctica es más complejo. Suena políticamente correcto y lógico, pero si uno ve el accionar de los terroristas, creo yo que está claro que lo que los motiva es un fanatismo religioso, no una sensación de discriminación.
R: Ese es también otro de los problemas. Hoy de las principales víctimas del terrorismo, o de las situaciones de violencia, de enfrentamientos bélicos y demás, son civiles. Fíjate tú que en la primera Guerra Mundial de cada 10 muertos, 9 eran soldados, militares. Uno era un civil. Ya en el conflicto de los Balcanes, en la década del 90, era exactamente al revés: de cada 10 muertos 9 eran civiles, 1 militar. Es decir, es tremendo. Soy consciente de que esto no lo resuelve solamente con educación, pero sin eso también es imposible tolerar. Reitero, hay que adoptar medidas precautorias, hay que ser implacables, hay que estar siempre alerta. Y también hay que hacer este trabajo, eso no es fácil, lleva tiempo y a veces lleva más de una frustración. Sin duda. Cada vez que hay un atentado, cada vez que mueren civiles, es una sensación de mucha impotencia, de mucha frustración, pero bueno, hay que seguir. No hay otra.

DOS VISITAS A ISRAEL

P: La vez pasada que nos vimos fue en el 2008 cuando el presidente Vázquez realizó una visita oficial a Israel. Recuerdo que hablamos en el Museo Recordatorio del Holocausto. Pero usted ya había estado ¿verdad?
R: Si, creo que la primera vez fue cuando estábamos en la intendencia, así que debe ser en 1991 o 1992.

P:¿Qué alcanzó usted a captar de lo que conoció de Israel?
R: A mí me llamó la atención, por un lado, en las dos visitas a Israel, sí, la tensión del conflicto se respira. Pero al mismo tiempo es sí, la alegría de la sociedad israelí. Realmente la alegría manifestada en la cultura el arte, y en la vida cotidiana. Eso te llama la atención. Y eso se vincula a otra cosa: a mí me parece que las naciones no son solamente el pasado, las tradiciones, el recorrido histórico, los símbolos. Las naciones son básicamente la confianza en un futuro compartido, eso es lo que mantiene unida a las naciones. Y ejemplos hay en la historia. Terribles países, inmensos países que se vinieron abajo porque perdieron esa confianza en el futuro compartido, se agotó la confianza en la posibilidad de un futuro compartido y mejor para todos. Y se vinieron abajo, implosionaron. Y sin embargo, hay pequeños países, cuyo recorrido histórico ha estado signado por calamidades y dificultades de todo tipo y sin embargo, siguen adelante. ¿Por qué? Porque tienen confianza en futuro compartido. Israel es uno de esos países.

P: Es un lindo concepto...confianza en un futuro compartido.
R: Es que uno no se explica cómo es que esos países siguen adelante, cómo fueron capaces de superar todo lo que superaron. Porque vaya si estos países a lo largo de la historia han dado pruebas, han sido sometidos a situaciones difíciles. Y sin embargo, las han superado y mantienen... No olvidan el dolor, pero no olvidan la alegría y la confianza, y yo creo que eso es la clave de una nación. Es la clave, la posibilidad, el tener confianza en que es posible un futuro mejor para todos. Es decir, y bueno, que nunca será perfecto, ¿eh? No hay países perfectos, no hay futuros perfectos, ¡Ah!, pero que pueden ser mejores...

P: Y eso tiene que ir conectado a una memoria colectiva ¿no?
R: Por supuesto. El pasado nunca descansa en paz y tienes que asumirlo, y para eso tienes que conocerlo y conservarlo en la memoria, sin duda.

P: Hablando justamente de pasado y futuro, recientemente Israel celebró los 100 años de la Declaración Balfour, un hito diplomático en el camino hacia el reconocimiento en 1948 del Estado de Israel. ¿Cómo lo ve usted?
R: Yo creo que ese centenario marca un hecho histórico y hay que asumirlo como lo que es. Fue un mojón. Yo tampoco creo que la historia sea una sucesión de mojones, o una galería de retratos de figuras ilustres. La historia son tendencias, es evolución y son construcciones colectivas. Y bueno, la declaración cuyo se conmemoró, bueno, es eso. Es un dato de la realidad. ¿Polémico? ¡Ah!, como todos.

P: Como muchas cosas de la historia.
R: En la historia hay muy pocas unanimidades. Creo que los lazos entre Uruguay e Israel son fuertes, lo cual es importante, la posición que adoptó Uruguay cuando la creación del Estado de Israel, por cierto. Después naturalmente que ha habido desacuerdos, sí, claro que sí. Pero han sido siempre dentro de un contexto de mutuo reconocimiento y respeto, y que además se expresa en lo que son hoy las relaciones entre Uruguay e Israel. Yo estaba mirando ahora antes de que tú llegaras, que hay un intercambio comercial interesante, ¿no?

P: Y una balanza muy positiva para Uruguay.
R: Porque eso también hace a la relación entre los pueblos. Hay un intercambio académico, científico, técnico, bien interesante. Hay hasta un intercambio cultural también importante. La secuencia o la relación de visitas de alto nivel que ha habido en ambos países dan cuenta de la relación entre ambos. Ahora está por cumplirse un año de la visita de Nin Novoa.

P: Fue una visita excelente, abarcativa, de muy alto nivel y con mucha emotividad.
R: También fue Carolina Cosse hace varios meses. Hay una relación intensa y productiva, hay lazos...El que Uruguay haya reconocido al Estado Palestino, como lo han reconocido 140 países, no va en desmedro de las relaciones con Israel. No debe leerse de esa manera. El que Uruguay de repente haya fijado su posición en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respecto a la política de asentamientos y demás, no va en desmedro.

P: Ese fue un momento de tensión, ¿verdad?
R: Fue un momento de tensión. Sí. ¿Pero sabés una cosa? Los amigos de verdad son los que critican de frente y elogian por la espalda, esos son los verdaderos amigos. Porque de los otros hay muchos. Que hacen exactamente lo contrario, esos no son amigos. Es ciertamente un rasgo de identidad de este gobierno, el plantear las cosas francamente, en un clima de mutuo respeto, de lealtad, y seguir adelante en aquello que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. Siempre es así.

LA VIDA, ENTRE SUEÑOS Y PLANES

P: Antes comentaba que usted tiene un perfil diferente del de su antecesor José Luis Cancela. Y lo central es que el vice Canciller no sea un diplomático de carrera. En su caso, llegó como hombre de confianza del Presidente.
R: Es verdad. No soy un diplomático de carrera, no soy un profesional de la diplomacia, pero en cierta forma, hace siete años que estoy vinculado a esta casa. Soy alguien que viene más que nada del ámbito de la política, sí, y soy consciente que a veces se me identifica como un hombre cercano al presidente, y sí, creo que lo soy. Trabajamos desde hace muchos años.

P: ¿Cuándo empezó la relación entre ustedes?
R: En 1989, cuando Tabaré fue designado candidato a la Intendencia de Montevideo. Se formó un pequeño equipo a nivel del Frente Amplio para trabajar todos los temas municipales, y una especie de equipo de campaña también, y yo lo integré. En ese momento era el responsable de políticas municipales del Partido Socialista. Éramos muy pocos en aquel tiempo: también lo integraba Pedro Apestguía, Ernesto de los Campos, Mariano Arana, quien nos apoyaba muchísimo, por cierto.

P: Empezó como una colaboración política, ¿qué tiene que ser también amistad para que funcione tantos años?
R: Sí, sin dudas. Fíjate tú que desde 1989 han pasado 28 años.

P: ¿Imaginaba en ese momento que Tabaré iba a ser presidente de la República?
R: A ver... en aquel momento el objetivo era la competencia electoral en la Intendencia. Así que bueno, cuando empezamos era eso. Después que estábamos en el gobierno departamental, a medida que el mismo iba desarrollándose, comenzamos todos a tomar consciencia de que podíamos llegar al gobierno nacional.

P: Y usted en lo personal, ¿pensó alguna vez que ibas a ser viceministro de Relaciones Exteriores?
R: Mi gran sueño de vida cuando era niño era ser número 9 de Nacional. Pronto me di cuenta de que no lo iba a alcanzar porque la verdad es que cada vez que intenté patear una pelota fue un desastre. Capaz que era el objetivo de vida de todos los niños de esa época: ser el goleador de algún equipo. Pero ese era el mío. Después, mi objetivo era estudiar Medicina. Debo admitir que sin mayor vocación. Desde muy joven milité en el Frente Amplio. Te diría que la vida me trajo hasta aquí. Yo no elegí ir preso, yo no elegí estar exiliado. A veces uno mira para atrás y dice: "Me arrepiento de...". Y no, yo no me arrepiento de nada. Hacia la vida tengo solamente agradecimiento, aunque hubo cosas que yo no las elegí.

P: De las malas, la vida se las trajo, digamos. ¿Y las buenas? ¿Cuáles son las mejores cosas que le pasaron en la vida?
R: Bueno, hay muchas, sin duda, en el plano personal, conocer a quien hoy es mi esposa, tener mis hijos, todas esas son cosas lindas que te da la vida. Sembrar una pila de amistades que aún conservo, para esas son cosas que no tienen precio. Y en la política, bueno, algunas cosas llegaron sin que yo las esperara y las pidiera. Otras soy consciente de que bueno, si he llegado a determinados lugares, si aún hoy hay compañeros que confían en mí para asignarme determinadas responsabilidades, es también porque tal vez para algo sirvo. ¡Alguna cosa buena tengo, no todo es casualidad! Algún mérito tengo.

P: Y estar acá es algo que te permite decir: "Estoy realizado", ¿o es demasiado prematuro asegurarlo?
R: Yo no sé... No sé si decir: "Estoy realizado". Estoy tranquilo y satisfecho. Y por supuesto plenamente dispuesto a realizar los máximos esfuerzos para no defraudar la confianza de quienes me han encomendado cumplir esta tarea. Y me tengo fe para eso, lo cual no quiere decir que sea infalible.

P: Nadie lo es.
R: Pero bueno, en eso estamos.

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