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03/12/2018

Uypress- por Ana Jerozolimski

Antisemitismo: Ignorancia, odio irracional, demonización de Israel






Basta con "pasear" un poco por las redes sociales-por más que esa no sea por cierto una forma ordenada de medir datos estadísticos- para captar la animosidad, el odio, los prejuicios antijudíos. Salen a flor de piel con extrema facilidad en diversas situaciones y muy especialmente cuando se plantean temas relacionados a Israel, el Estado judío. Siempre ocurrió, pero hoy se ha perdido la vergüenza.

Nunca nos entusiasmó escribir sobre el antisemitismo, pero no sólo porque enfurece y duele sino porque siempre nos pareció contraproducente destacarlo. Es que siempre consideramos que los judíos no estamos solos, que son muchos los amigos que nos apoyan, que se solidarizan con nuestras causas, admiran los aportes judíos a la humanidad y comprenden los desafíos con los que lidiamos en diferentes partes del mundo. En realidad, basta con que nos vean como a los demás miembros del género humano, seres humanos normales con defectos y virtudes, como todos. Y seguimos convencidos de que tampoco hoy estamos solos.

A pesar de ello, esta vez decidimos dedicar estas líneas al tema porque si bien no vemos demonios en cada esquina ni tampoco antisemitismo en cada crítica a Israel, los motores de odio van ganando terreno y eso hay que combatirlo. Hay que hablar, desenmascarar, dejar en evidencia a los antisemitas, porque son un cáncer. Y estamos convencidos de que así como el racismo no es un problema sólo de los negros sino de la sociedad en cuyo seno se manifiesta, el antisemitismo no es sólo un problema de los judíos.

Esto nos recuerda la entrevista que realizamos hace pocos años a Jorge Klainman, sobreviviente de la Shoá que llegó después de la guerra a Argentina y hace pocos años, ya mayor, se radicó en Israel. Cuando logró salvarse, decidió no hablar de lo que había vivido, no contar ni volver a eso. Precisaba mirar hacia adelante, vivir con normalidad. Se llamó al silencio. Hasta que algunas décadas después, comenzaron a aparecer los negacionistas del Holocausto, los que tuvieron el tupé de alegar que aquellos horrores fueron mentira, inventos judíos. O de relativizarlos, minimizarlos. Y Jorge decidió entonces que él abrazaría una nueva dimensión del "nunca más". Él, que había visto el horror cara a cara, decidió que mientras viviera, no permitiría que mientan. Y comenzó a hablar. A contar, a decir la verdad.

Una fuente central de antisemitismo hoy en día es la campaña de demonización de Israel, el Estado judío. La así llamada campaña BDS, que se presenta como "pro-palestina", nada hace para velar por el bienestar palestino. Su camino es presentar a Israel constantemente como fuente del mal, mintiendo descaradamente sobre su realidad y la verdad en el terreno. Es una campaña cuyo lema central, "Palestina desde el río hasta el mar"-o sea entre el Jordán y el Mediterráneo- deja en claro que su objetivo es la desaparición del Estado de Israel. No se opone a tal o cual política de gobierno israelí de turno, sino a la existencia misma del estado judío.

Para transmitir su mensaje, inventa hechos que jamás existieron ni existen hoy, como el funcionamiento en Israel de un régimen de apartheid similar al de segregación racial en Sudáfrica años atrás. Basta con visitar dos días Israel para percatarse inmediatamente del espacio público compartido por judíos y árabes, del uso de los mismos ómnibus para todos, el disfrute de los mismos cines y restaurantes. Basta con mirar un noticiero de actualidad y ver y escuchar a los diputados árabes en el parlamento israelí criticando al gobierno, para entender que Israel es una democracia libre con igualdad de derechos para todos sus ciudadanos. ¿Perfecta? No, claro que no. Imperfecta, como toda sociedad normal en el mundo libre.

Inventar mentiras demoníacas respecto a Israel, es antisemitismo, porque el nervio motor es el odio que quiere llevar al aislamiento del Estado judío en la comunidad de naciones. Y el agravante, que no hace más que confirmar lo irracional de dicha actitud, es que no se actúa de modo similar ni por asomo respecto a países que violan constantemente los derechos humanos, regímenes opresores de sus ciudadanos y violentos con sus vecinos.

"Pero Israel ocupa territorios", dirán algunos en referencia al control militar en Cisjordania. Más allá del hecho que llegó a ocuparlos en una guerra de autodefensa y de los intentos que hizo a lo largo de los años por solucionar el conflicto en forma negociada, si el análisis hace abstracción de todo eso y ve únicamente la realidad de ocupación, pues ¿por qué se llama al boicot sólo de Israel y no de otros países en situaciones similares?

En un análisis del periodista israelí Ben Dror Yemini en el portal israelí Ynet sobre la decisión de Airbnb de retirar los asentamientos israelíes en Cisjordania (Judea y Samaria) de sus listados, recuerda que no se ha hecho lo mismo ni con Tibet, ni con la república Turca del norte de Chipre que no ha sido reconocida por la ONU, ni con la república de Abkhazia a la que Rusia tomó por la fuerza de Georgia , ni con Crimea también ocupada por Rusia o Nagorno-Karabakh,ocupada por Armenia. Cuando se actúa solamente contra el Estado judío en situaciones en las que se hallan muchos otros-inclusive cuando en el caso de Israel podría analizarse que hay ciertos "atenuantes"- eso es como señalar al judío. Eso es antisemitismo.

Los promotores de esta campaña de boicot, saben claramente que están mintiendo. Quieren imponer su narrativa distorsionada de la historia, para lo cual se valen de mentiras. El público expuesto a ello, simplemente cree que le están diciendo la verdad. Y no investiga, no averigua, no estudia. La ignorancia es un peligro. Respecto al presente y también al pasado, a la historia.

Aquí entra en juego la responsabilidad de los Estados. No puede ser que a menos de 75 años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con decenas de miles de sobrevivientes aún entre nosotros, en diferentes partes del mundo, haya altos porcentajes de ciudadanos del planeta que no hayan oído del Holocausto. Que no sepan lo que sucedió. De aquí a creerse las odiosas mentiras de los antisemitas del BDS que acusan a Israel de cometer un genocidio de los palestinos, o de actuar con ellos como los nazis hicieron con los judíos, hay sólo un trecho. ¿A nadie se le ocurre analizar los números? De los palestinos que son hoy muchos más que antes en territorio bajo soberanía israelí y en los que está bajo su control militar, de los que reciben tratamiento médico en sus hospitales, de los estudiantes en sus universidades. ¿Genocidio? Es una aberración el solo mencionar el término en relación al tema israelo palestino. Por dar uno de mil ejemplos posibles: cuando nació Israel, al finalizar la guerra de independencia, se hallaban en su territorio 150 mil árabes. Hoy son más de 1.800.000, todos ellos ciudadanos israelíes.

Los sistemas educativos deben ponerse sobre los hombros la inclusión del tema Shoá en sus respectivos programas de estudios. Y las universidades de Europa o Estados Unidos en las que se aprueban mociones de boicot al Estado judío, por mentiras infundadas en su contra, deben saber que no sólo su altura moral sino prestigio es puesto en duda por no actuar con seriedad y rigor.

El odio y la demonización del judío en lo individual y del Estado judío, son una aberración. Y tenemos que combatirlo con los hechos, diciendo la verdad. Tal como aprendimos días atrás en la brillante ponencia del ex Presidente Dr. Julio María Sanguinetti en la presentación de su libro "La trinchera de Occidente", así ya lo dijo Cicerón: el enemigo de la verdad, es tanto la mentira como el silencio.

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