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12/05/2017

Por Dr. Jaime Apoj (de Copredi)- para CCIU

A 101 años del fallecimiento de Sholem Aleijem, su “violinista” sigue en cartelera en Montevideo




Hace 101 años, el 13 de mayo de 1916, fallecía en Nueva York el escritor Scholem Yacov Rabinovitz, mundialmente conocido por su seudónimo "Scholem Aleijem" ("que la paz sea con ustedes"); el mundialmente famoso escritor había nacido en Rusia en marzo de 1859 y luego de varias peripecias emigró por segunda vez a los Estados Unidos en 1914, donde finalmente se radicó. Escribió y fomentó el uso del yidish como lengua, llegando a apoyar incluso, tanto material como intelectualmente, a otros escritores.

La obra "El violinista en el tejado" se basa en la novela que publicó bajo el nombre original de "Las hijas de Tevie"; por otro lado, Marc Chagall, también judío y ruso de nacimiento, pintó la obra "El violinista" por 1923, hasta que en 1971 la novela de Aleijem "Las hijas..." fue llevada al cine con gran suceso de público y bajo el nombre de "El violinista en el tejado".

Sin pretender hacer una crítica literaria de su obra –para la cual quien suscribe no se encuentra capacitado-, sí vale la pena recordar su figura.

Al igual que lo hacen otros grandes literatos, con su historia de Tevie "el lechero", Sholem Aleijem nos ubica en el micro mundo de una pequeña aldea de habitantes judíos en la Rusia zarista (un shteitl), donde lucha por su supervivencia junto a su familia compuesta por su esposa y sus cinco hijas. En ese retrato de época, nos plantea interrogantes y cuestionamientos universales. Por un lado, Tevie intenta adaptarse a algunas costumbres nuevas, a la vez que rechaza otras, que sin embargo, parecen avasallarlo; se cuestiona muchas cosas, al punto que cuestiona e interpela al propio Dios. Tevie debe buscar el sustento de su familia pero respetando sus propios valores, sufriendo y a la vez cantando, como generalmente lo hace el pueblo judío.

Scholem Aleijem construye al personaje principal de esta obra desde su propia identidad y sus propios valores. Seguramente las peripecias de su vida personal, como la temprana muerte de su madre mientras él recién ingresaba a la adolescencia, sus carencias materiales o, incluso posteriormente, la enfermedad y muerte de uno de sus hijos, se ven reflejadas en su obra y en la sensibilidad de sus personajes. Su hijo Misha, enfermo de tuberculosis, no pudo ingresar a los EEUU impedido por la legislación de la época a causa de su enfermedad, y murió en Suiza en 1915. El propio Aleijem sufrió esta enfermedad que lo radió de algunas de sus actividades literarias por algunos años.

Sholem Aleijem aparece como un escritor humanista, claramente identificado y comprometido con una "tradición" que va más allá de lo meramente religioso, preocupado por las cuestiones sociales (la justicia social). Su obra más famosa, nos plantea más preguntas que respuestas, y aunque las formula desde un ámbito netamente judío, adquieren un carácter universal; así, nos interroga sobre nuestras creencias, nuestros afectos, nuestra escala de valores, nuestra ideología, en fin, sobre la justicia en el más amplio sentido de la palabra.

Eso sí, Sholem Aleijem era profundamente sionista, siendo un escritor al que, la realidad sociopolítica de su época, lo hacía tener conciencia de que estaba viviendo en la diáspora, en la Rusia zarista y antisemita; absorbió seguramente también el antisemitismo europeo, y la por momentos muy dificultosa relación del pueblo judío con las élites gobernantes y de poder.

El final del argumento de la historia de Tevie, nos muestra una vez más al judío errante, a un pueblo sin tierra, sin patria propia; así, Tevie vive haciendo equilibrio como si fuera un violinista sobre un tejado.

En su primera incursión por Norteamérica, Sholem Aleijem no fue comprendido ni valorado por su propia comunidad, compuesta mayormente por inmigrantes e inmersa en otro tipo de problemas. Afortunadamente, en su segunda llegada a América (1914) sí fue reconocido, al punto que su funeral, el 13 de mayo de 1916 y según narran las crónicas de la época, convocó a una multitud nunca antes vista, calculada en unas 100.000 personas. Su testamento fue leído en el Congreso norteamericano, y contenía instrucciones precisas para su familia y amigos: " Lean mi testamento, y elijan uno de mis cuentos, uno de los mejores y recítenlo en el idioma que les resulte más comprensible". "Que mi nombre sea mencionado con una sonrisa, o que no sea recordado".

Vale pues la pena recordarlo en estas fechas, cuando los montevideanos tenemos el privilegio de poder asistir a la adaptación musical de su más famosa tragicomedia "El violinista…" en el privilegiado escenario del teatro El Galpón, rindiéndole así el mejor homenaje que alguien pudo haberse imaginado. Especialmente, si tenemos en cuenta que esta excelente versión netamente uruguaya nos despertó una intensa emoción, nos deslumbró con su puesta en escena, nos atrapó su excelente coreografía así como la excelente actuación de todo su elenco. Para aplaudir de pie y esperar que sea premiada.

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