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02/05/2018

Lic. Rafael Winter (Rufo)

60 años de la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay: El diálogo debe continuar





Corrían los primeros días de mayo del año 1958.

Según la tradición, tres visionarios: el Padre Justo Asiaín Marquez, el Pastor Emilio Castro y el Rabino Dr. Fritz Winter deciden darle un marco al diálogo judeo-cristiano, fundando la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay.

Sino la primera, una de las primeras en su género en el continente.

Seguramente esa decisiva reunión de mayo del 58 no fue la inicial, sino el corolario de varias, en las que también participaron otras personalidades, para finalmente darle forma a la Confraternidad.

Eran nuevos tiempos.

Seguramente bajo el dramático trasfondo de la Shoah y otros factores, los tres hombres arriba mencionados llegaron a la conclusión de la necesidad, la imperiosa necesidad de dialogar, judíos y cristianos: para conocernos más, para comprendernos más, para respetarnos más, para ver -más allá de las obvias diferencias existentes- lo que tenemos en común.

La necesidad del diálogo judeo-cristiano.

Es interesante que la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay surge años antes que el Concilio Vaticano II, considerado el mismo como un hito en el mejoramiento de las relaciones entre judíos y cristianos.

Recuerdos.

El tema y la importancia de la Confraternidad me resultaron muy familiares desde mi niñez. Los nombres del Pastor Emilio Castro, el Padre Justo Asiaín y otros que se fueron agregando a los precursores como Leonel Verissimo, Prof.Nelson Pilosof (prácticamente también precursores) Pastor Guillermo Milovan, Padre Ponce de Leon, Prof. Isaac Vainsencher, Dr. Jacobo Hazan, Pastor Winkler... Son los primeros nombres de la Confraternidad que me vienen a la memoria. Y luego, con el paso del tiempo se fueron agregando otros. Todos, todos con su gran aporte. Hasta hoy.

Prácticamente desde los comienzos, el apoyo de José Jerozolimsky a la Confraternidad fue fundamental.

Y en aras de mencionar nombres, un nombre, el Pastor Armin Ihle quisiera señalar. Pero hay muchos más.

Para mi padre el Rab. Fritz Winter, la Confraternidad fue durante las cinco décadas que vivió en el Uruguay uno de los motivos de su vida.

"Qué nos une" era uno de los temas, más que temas, principios en los cuales hacía hincapié.

Entre judíos y entre judíos y cristianos.

Su visión -además de tradicional- amplia y humanista del judaísmo lo hizo también tener una visión amplia y humanista en lo que tiene que ver con el diálogo judeo-cristiano. No podía ser de otra manera.

Considero que la Confraternidad fue una de las principales semillas que -junto a otros precursores- sembró.

La cosecha fue fructífera.

Transcurrieron 60 años.

Durante todo este tiempo, nuestro país pasó por todo. Y obviamente la Confraternidad no estuvo al margen, sufriendo por momentos las consecuencias de lo que estaba pasando.

Habiéndose cumplido 6 décadas puedo decir:

La Confraternidad es una noble Institución, única en su género.

La Confraternidad ha recorrido un largo camino pero aún queda un largo camino por recorrer.

Debe darse -debemos darnos- a conocer mucho más. Hay demasiada gente que no es consciente de la necesidad del diálogo. Hay demasiada gente que solamente prioriza las diferencias, en detrimento de lo que hay en común. Y si sólo priorizamos las diferencias, jamás vamos a tender puentes. Porque la Confraternidad ha tenido, tiene y seguirá teniendo como uno de sus objetivos principales tender puentes.

Es necesario el diálogo entre todas las religiones.

Pero las relaciones judeo-cristianas han sido tan complejas a lo largo de la historia, los desencuentros han sido tantos como así también los extremos a los cuales se ha llegado, que el específico dialogo judeo-cristiano debe continuar siempre, más allá de todos los otros diálogos que tarde o temprano debemos agregar.

Los 60 años de la Confraternidad nos convocan a seguir trabajando por esta causa tan noble. Quedarán en el mejor de los recuerdos sus visionarios.

Permanecerán en el mejor de los recuerdos todos los que han continuado y continúan esta magna tarea: religiosos y laicos, sacerdotes, rabinos, pastores, diáconos, dirigentes comunitarios, activistas y tantos otros.

Pero el mejor homenaje que podemos rendirles es continuar con su obra.

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