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18/09/2019

50 años de reconciliación






Ynet en Español

Berlín celebra el 50° aniversario de su programa de reconciliación para judíos expulsados por los nazis

Berlín era el último lugar adonde Helga Melmed esperaba volver.

Tenía 14 años cuando los nazis la obligaron a ella y a su familia a subir a un tren desde su hogar en la capital alemana hasta el gueto judío en Lodz, Polonia, en 1941.

Así comenzó una odisea horrible, que la llevó a ser encarcelada en los campos de concentración de Auschwitz y Neuengamme, a las afueras de Hamburgo, hasta que finalmente fuera liberada de Bergen-Belsen por soldados británicos en 1945. En ese momento pesaba tan solo 21 kilos.

Tras la guerra, emigró a Estados Unidos a través de Suecia. Durante años nunca consideró regresar a Alemania, hasta que fue invitada a un viaje por su ciudad natal, en un programa de reconciliación orientado a ayudar a reparar los lazos con ex berlineses que habían sido expulsados por los nazis.

El programa, que cumple 50 años, ha otorgado con éxito a personas como Melmed viajes de una semana a Berlín para reencontrarse con la ciudad.

Unas 35.000 personas aceptaron la invitación desde que se emitió por primera vez en 1969, y, aunque los números están disminuyendo, todavía llegan algunos nuevos participantes cada año.

La “invitación para ex refugiados” ha servido principalmente a emigrantes judíos que huyeron de los nazis, o aquellos como Melmed que sobrevivieron a su maquinaria genocida.

El miércoles, ella y otros ex participantes del programa fueron invitados al Ayuntamiento de Berlín para celebrar el aniversario de medio siglo.

En la ceremonia, el alcalde Michael Müller les agradeció por su regreso pese a lo que sufrieron a manos de los alemanes.

“Muchos siguieron nuestra invitación, gente que había perdido todo lo que amaba. Quiero expresar mi profunda gratitud por la confianza que han depositado en nosotros”, afirmó.

A pesar del escepticismo de que cualquier persona perseguida por los nazis quisiera regresar, en 1970 -un año después del lanzamiento del programa- ya había una lista de espera de 10.000 ex berlineses que querían volver para una visita.

Más de 100 ciudades y pueblos alemanes crearon programas similares, pero ningún municipio atrajo tantos antiguos residentes como la capital.

Berlín tenía la mayor comunidad judía antes del Holocausto. En 1933, el año en que los nazis llegaron al poder, había unos 160.500 judíos en Berlín. Para el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, su número se había reducido a 7.000 como resultado de la emigración y el exterminio.

El padre de Melmed fue asesinado a tiros en el gueto de Lodz, donde los nazis encerraban judíos y los obligaban a trabajar en fábricas, y unos meses más tarde, poco después del 15º cumpleaños de Melmed, su madre murió de agotamiento.

Melmed, quien vive en Florida, recibió una invitación bajo un programa de reconciliación hace 42 años.

“Un día, de la nada, encontré una carta en el buzón invitándome a volver para una visita. Así que, en 1977, mi marido y yo fuimos a Berlín”, explicó la enfermera jubilada en el hotel donde se alojaba con dos de sus cuatro hijos y un nieto.

Formaron parte de un viaje organizado de docenas de otros ex berlineses que habían sido perseguidos por los nazis. “No sé si el viaje fue un sueño o una pesadilla”, dijo Melmed. Una tarde, fue a tomar un café al famoso Kempinski Hotel de Berlín -hoy llamado Bristol Hotel- como lo hacía de pequeña con sus padres. “Fue desgarrador”.

La historia de su vida se narra en la exposición “Un vuelo al pasado” sobre el programa, que se inauguró el jueves en el Ayuntamiento de Berlín y que se exhibirá hasta el 9 de octubre. Johannes Tuchel, director del Centro Conmemorativo de la Resistencia Alemana, que curó la exposición, explicó que muchos de los que volvían tenían emociones contradictorias.

No confiaban en los alemanes, especialmente en los primeros años del programa, cuando mucha gente que veían en las calles todavía pertenecía a la generación nazi. A menudo, los recuerdos de la pérdida y el dolor se agitaron con la visita, pero al mismo tiempo muchos pudieron reconectarse con una ciudad que albergaba muchos recuerdos felices de sus infancias.

Para Melmed, el cierre sólo llegó a una edad avanzada. En 2018, cuando cumplió 90 años, decidió volver a Berlín. Fue entonces cuando conoció a los actuales inquilinos de su antigua casa familiar, en el barrio Wilmersdorf de Berlín. La invitaron de nuevo al apartamento y la semana pasada organizaron una ceremonia de colocación de placas para conmemorar a sus padres en la visita de este año.

La semana pasada, las autoridades municipales le entregaron su certificado de nacimiento original y el certificado de matrimonio de sus padres.

“Ahora todo está cerrado para mí”, aseguró Melmed con una sonrisa tranquila mientras tocaba su collar dorado con un colgante de la Estrella de David. “Ya no duele más”.

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