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26/06/2019

“Reflexiones sobre la Shoá”





La Gaceta de Tucumán- por Hernán Miranda

“Conviene enseñar el Holocausto, porque todos podemos convertirnos en criminales”

Jonathan Karszenbaum, director del Museo del Holocausto, inauguró la muestra “Reflexiones de la Shoá”, que se expone en San Martín 251.

Un millón de judíos viajó por última vez en el tren que llevaba hasta Auschwitz. Después de pasar días hacinados en vagones de carga, sin comida y sin agua, algunos prisioneros -niños, ancianos, enfermos- morían en las cámaras de gas; otros primero sufrirían en los campos de trabajo o los pabellones médicos. Como ha mostrado el cine, descrito la literatura, evidenciado la historia, o como sentenció Ian Kershaw, el camino hacia la Shoá, hacia la Endlösung, hacia el exterminio de la población judía europea, se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indiferencia. Quizá el triste poema de Martin Niemöller -primero vinieron por los judíos, pero yo no dije nada, porque yo no era judío (…) luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí- sea la expresión más dura de la explicación de Kershaw, aunque también quizá sea -por qué no- una advertencia para no olvidar y una respuesta inconsciente a Theodor Adorno, para quien después de Auschwitz ya no se podía escribir más poesía. Porque ella no sólo es belleza, sino también angustia, recuerdo, reflexión.

Al visitar “Reflexiones sobre la Shoá”, la muestra itinerante del Museo del Holocausto de Buenos Aires, la conciencia se posa, con un horror que después tal vez no pueda despejar, sobre las vías que ingresan a Auschwitz; o, frente a las fotografías de las víctimas, se dice: “veo los ojos que han visto las cámaras de gas”. Después de la inauguración de la exposición, el director ejecutivo del Museo, Jonathan Karszenbaum (Buenos Aires, 1982), conversa con LA GACETA sobre la labor preventiva de la institución: ¿cómo pudo existir un plan de exterminio sistemático de seres humanos? Darle una respuesta a esta pregunta, argumenta Karszenbaum, sirve para luchar contra los genocidios: “lo importante es saber que el Holocausto y todos los genocidios son procesos humanos, porque conocer cuáles son las condiciones que los facilitan, cuáles son los factores que crean esas condiciones, nos permite también prevenirlos”.

-¿Cuáles son las condiciones que facilitan un genocidio? ¿Por qué el pueblo alemán hizo esto, o al menos permitió que esto pasara?

- Tienen que ver con el odio, la discriminación, la cosificación del otro, el sometimiento, la humillación... Todos esos pasos previos fueron fundamentales para que después se concretara el Holocausto, porque las condiciones que permitieron que Adolf Hitler llegara al poder tenían que ver con una república débil, con el Tratado de Versalles, con el aumento del odio, con el miedo al comunismo, con la polarización de la sociedad, con la tolerancia hacia el antisemitismo y otras formas de discriminación, con cierta tolerancia también hacia una ideología nacionalista que fomentaba el odio… La Shoá no comenzó con campos de exterminio: empezó con palabras de odio. Por lo tanto, ese tránsito hacia Auschwitz fue lento y progresivo. Y otro factor importante fue la indiferencia, o el individualismo: “esto tiene que ver con otros”, o “esto no tiene que ver conmigo”. Pero el fenómeno del nazismo no fue solamente el del Holocausto. El fenómeno nazi tuvo que ver con condiciones políticas, sociales y económicas que se dieron en Alemania, y la Shoá fue un producto de esa ideología nefasta que logró mellar en algún sector del pueblo alemán, porque hay que recordar que Hitler, si bien ganó elecciones, no tuvo votos suficientes para formar Gobierno. Su habilidad política y el terror que le había impuesto a la sociedad permitieron que el nazismo llegara al poder.

-¿Por qué hoy, en un contexto socioeconómico tan distinto al de la década del ‘30, resurgen en Europa las ideologías políticas de extrema derecha?

-El nacionalismo es un vehículo político que siempre tiene riesgos, ¿no? No creo que sea algo negativo per se, pero sí sé que es un fenómeno ideológico que puede caer fácilmente en el chovinismo y ser utilizado para excluir. Creo que en Europa hay un fenómeno que tiene que ver con la globalización, el miedo a los inmigrantes y el crecimiento de cierta población migrante en cada uno de los países donde aparece el discurso antimigratorio. Este es un discurso peligroso, porque puede llevar al crecimiento de esta derecha xenófoba. Pero hay un montón de pequeños factores que pueden generar las condiciones para que estos partidos crezcan. El problema es que, una vez que llegan al poder, difícilmente su camino sea la moderación.

-¿Qué espera de la causa del atentado a la AMIA a esta altura?

-La verdad es que no tengo muchas esperanzas de que se resuelva la causa de la AMIA, aunque afortunadamente hubo una condena respecto del encubrimiento. Pero eso no es suficiente. Desde que soy chico voy a las marchas de la AMIA, desde mis 12 años, con lo cual atraviesa toda mi formación y mi activismo comunitario. Y la causa de la AMIA todavía sigue impune y los verdaderos atacantes y perpetradores están libres. Es una deuda del Estado argentino para con la sociedad y particularmente con la comunidad judía.

-¿Cómo ve la relación del Estado argentino con la comunidad judía? Porque en la posguerra la Argentina fue uno de los destinos predilectos de los jerarcas nazis…

-Yo no sé si hubo un permiso activo. Puede ser que haya habido un permiso pasivo, un mirar para otro lado, pero no fue que el Estado argentino… Todos los Estados, incluso los Estados europeos, los toleraron y convivieron con los criminales de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos alemanes, pero también croatas, franceses y belgas. Aunque es cierto que el caso de Adolf Eichmann le dio a la Argentina mucha relevancia y que hubo otros criminales muy importantes que pasaron por aquí. Ante Pavelic, por ejemplo. Pero también hay que decir que Franz Stangl, por ejemplo, que fue comandante de dos campos de exterminio, de Sobibór y Treblinka, vivió en Brasil. Por lo tanto, no es algo privativo de la Argentina, sino que sucedió en todo el mundo. Además, hoy hay una conciencia del Estado y de la sociedad civil sobre la importancia del Holocausto. La enseñanza obligatoria de la Shoá en todas las escuelas fue acordada por los ministerios de Educación hace 10 años y poco a poco se va implementando. Pero, bueno, también es cierto que el caso de Eichmann fue muy importante para las memorias colectivas local, comunitaria e internacional, porque todo el mundo se enteró de que Eichmann había vivido durante una década en la Argentina.

-En el libro “Eichmann en Jerusalem”, Hannah Arendt habla de la “banalidad del mal” y argumenta que él no era antisemita ni tenía un carácter retorcido, sino que era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias…

-¿Cómo un ser humano normal se convierte en un criminal de lesa humanidad? ¿En un asesino de niños, mujeres y hombres? Bueno, hay un estudio muy interesante que hizo Christopher Browning sobre el Batallón 101 de la Policía del Orden, que fue un comando auxiliar que colaboró con los fusilamientos masivos de judíos en las afueras de los pueblos y las ciudades. Él revela que esta gente mayoritariamente no estaba afiliada al partido nazi, que muchos de ellos tenían estudios, que eran adultos, que no eran jóvenes que crecieron al calor del régimen, sino que habían vivido una época anterior… Y llega a la cuenta de que cuando este batallón termina de auxiliar, el 90 % de los que pertenecían a él había disparado. Y hay muchos pormenores, al principio algunos se negaban. Entonces Browning formula algunas hipótesis y dice: “bueno, estaban fuera de sus hogares, lejos. Tenían que pertenecer al grupo y veían que los demás fusilaban y ellos no. Los otros los miraban mal, o tenían que hacer tareas desagradables”. O sea, hay un montón de factores que complementan lo ideológico. No eran nazis fanáticos. Por lo tanto, hay algo que tiene que ver con el componente ideológico y algo que tiene que ver con la obediencia, con esto que estudia Stanley Milgram de obedecer órdenes criminales, de que es muy fácil obedecer. Es muy fácil que alguien acate una orden si le decimos que lo que está haciendo no es responsabilidad suya, si lo convencemos de eso. En el estudio de Milgram eso queda evidenciado totalmente en condiciones que nada tenían que ver con la guerra. Por lo tanto, la obediencia, la ideología, la conveniencia, el acomodo, la posibilidad de progresar, de tener un lugar, de tener un trabajo, y yo diría también que aquí entra alguna cuestión de poder, de tener poder sobre otros. No todos llegan a disparar, no todos llegan a ser criminales, pero la mayoría tenemos esa potencialidad y esa capacidad. Y eso es parte del peligro y eso es parte de lo que hay que advertir. Por eso conviene enseñar el Holocausto, porque todos tenemos esa posibilidad de convertirnos en criminales. Y es trágico, porque uno automáticamente se pondría del otro lado, del de “yo no lo haría”, “yo no le dispararía a una mujer con un bebé en brazos”. Pero en las condiciones adecuadas, la mayoría sí lo haría. Y eso es muy peligroso de nosotros mismos.

-¿Cree que existe una salida al conflicto palestino-israelí?

-Conozco las críticas al Estado de Israel, conozco las críticas a la Autoridad Palestina, pero soy de la generación criada en la época de los acuerdos de paz. Entonces, así como hubo posibilidad de acordar con Egipto y Jordania, e incluso con los palestinos en algún momento, así ojalá en algún momento pueda haber paz en Israel, en Palestina, en Medio Oriente. Ese es realmente mi deseo y el de todos los que hacemos parte del Museo del Holocausto.

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