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19/05/2017

Enlace Judío México, Por Pedro Huergo Caso

¿Quiénes fueron los judíos radanitas?



En la Alta Edad Media, en el lujoso Oriente, los judíos radanitas, a lomos de sus camellos, llevaron el judaísmo hasta los confines de Asia

El pueblo de Israel, la única nación del mundo antiguo que sigue en pie, hizo de su obligada diáspora un arte de supervivencia a través del comercio, la cultura, la ciencia y la teología.

La Edad Media, sobre todo en la alta, caracterizada entre otras cosas por los enfrentamientos de poder entre cristianos y musulmanes, tuvo el esplendor del comercio oriental; a ese comercio se dedicaron los que no guerreaban, los judíos, a través de una red comercial euro-asiática que había sido creada en tiempos remotísimos y que fue creciendo en importancia desde que un emperador chino en el siglo I a.e.c. tuviera curiosidades por los pueblos que vivían a occidente.

Hacia el siglo VIII d.e.c. esa ruta fue muy transitada por el pueblo de los sogdianos -hoy Uzbekistán- famosos traductores, diplomáticos e incluso espías. Si bien no podemos decir que los sogdianos eran judíos, su lengua está emparentada con el arameo hasta el extremo de usar el mismo alefato, y en su reino siempre hubo, hasta hoy, judíos de Tayikistán o de Bujara o de Samarcanda. Conquistados por Alejandro Magno, formaron una satrapía y en el S. I a.e.c. fueron quienes empezaron a tener tratos con los chinos y a conocer, por ejemplo, la seda, que fue un clamoroso éxito entre la aristocracia grecolatina. Y con la seda, las especias, las piedras preciosas, etc.

Los judíos que se dedicaron al comercio por esta antigua ruta comercial con el Extremo Oriente en la Alta edad Media fueron llamados Radanitas.

Su nombre proviene del farsi -la lengua de Persia- y concretamente de una palabra compuesta: rá (camino, vía) y dan (el que sabe), de donde radán, el que conoce los caminos. Radán es también el nombre que se dio a un distrito de Babilonia, con lo que parece ser claro que hubo judíos que cuando el destierro de Babilonia comerciaron con el Extremo Oriente y que serían, en última instancia, quienes habrían sino abeirto, sí perpetuado, ni más ni menos lo que después -en el S . XIX- el mundo conocería como La Ruta de la Seda.

Las primeras noticias que tenemos sobre los radanitas las da Ibn Khordadbeh, espía califal y géografo persa del S IX, autor del más antiguo libro de geografía administrativa que conocemos: “El Libro de las rutas y los reinos”

Estos comerciantes hablaban árabe, persa, griego [bizantino], franco, español y eslavo. Viajaban de oeste a este y de este a oeste, parcialmente por tierra, parcialmente por mar. Transportaban desde Occidente eunucos, mujeres reducidas a esclavitud, efebos, seda, castores, martas y espadas. Tomaban barcos en Francia, en el mar Occidental, e iban hasta Farama (Pelusio).Allí, cargaban sus productos a lomos de camellos e iban por tierra hasta al-Kolzum (Suez), una distancia de 25 farsakhs (parasangas). Embarcaban en el Mar Rojo y navegaban desde al-Kolzum hasta al-Jar (puerto de Medina) o Yida, para luego dirigirse a Sind, India y China. En el camino de regreso de China, traían almizcle, aloe, alcanfor, canela y otros países de países orientales hacia al-Kolzum y las llevaban a Farama, donde se embarcaban hacia el mar Occidental. Algunos navegaban hacia Constantinopla para vender sus productos a los bizantinos; otros se dirigían al palacio del rey de los francos para vender allí sus mercadurías. A veces, estos mercaderes judíos, cuando se embarcaban desde el país de los francos al mar Occidental, se dirigían hacia Antioquía (en la desembocadura del Orontes); de allí, por tierra, hasta al-Jabia (al-Hanaya, a orillas del Éufrates) y de allí, hasta Bagdad, a partir de donde descendían el Tigris hacia al-Obolla. Desde allí, navegaban hacia Omán, Sind, Hindia y China…

Estos viajes distintos también podían ser realizados por vía terrestre. Los comerciantes que partían de España o de Francia iban a Sus al-Aksa [en Marruecos] y, luego, a Tánger, desde donde se dirigían hacia Kairuán y a la capital de Egipto. De allí, iban a Ar-Ramla, visitaban Damasco, Al-Kufa, Bagdad y Al-Basra, cruzaban Ahvaz, Fars, Kermán, Sind, Hind y llegaban a China.

A veces, también, tomaban la ruta desde Roma y cruzaban el país de los eslavos, llegaban a Khamlidj, la capital de los jázaros. Se embarcaban en el mar Jorjan, llegaron a Balkhj, cruzaron Oxus y continuaron viaje por Yurt, Toghuzghuz, el páis de los uigures y de allí a China.

Sus rutas comerciales cayeron en desgracia al llegar el primer milenio. En China,  cayó la dinastía Tang, y en Europa Central, desapareció el reino judío -un kaganato- de los Jázaros, mientras los turcos invadían Persia y, por si fuera poco, Génova, Venecia, Pisa, emergían como nuevas metrópolis comerciales que veían en los radanitas unos grandes competidores que habría que anular.

La primera consecuencia evidente fue que algunas especias comunes en las mesas medievales de Europa dejaron de hacer acto de presencia en los banquetes, por no decir ya de las maderas nobles, como el sándalo y la teca.

Pero todas esas rutas transitadas por los judíos radanitas no sólo movían tráfico de especias, gemas , sedas y hasta historias, sino que fueron las rutas por las cuales accedieron diferentes grupos de judíos a fundar comunidades diaspóricas; es el caso de comunidades que salieron de Persia o de Bujara y de las montañas del Cáucaso -los judíos rojos- hacia lo que hoy es Afganistán, y en concreto a Herat, ciudad antiquísima de raigambre judía hasta ayer, cuando emigraron en su gran mayoría hacia Jerusalén. Aunque se cuenta que pudieran haber salido de Babilonia poco después del destierro, sólo hay pruebas arqueológicas desde el S VIII d.e.c., justamente en el momento de mayor esplendor de los radanitas. Según los libros de benjamín de Tudela, en Afganistán residían hasta 80.000 judíos repartidos entre Herat, Kabul y otras grandes urbes del momento.

Recientemente la Biblioteca Nacional de Israel anunció que había comprado cientos de documentos de la genizá de Afganistán, textos que por contener escrita la palabra de Dios no pueden ser destruidos pero que ya no siguen en uso y se almacenan en una hornacina de la sinagoga., de evidente interés lingüístico y antropológico.

El califa Harun Al Rashid, a quien se atribuye la compilación conocida como Las Mil y Una Noches, califa de Bagdag, se encontró con Carlo Magno, según la Crónica de Eginardo, porque los radanitas guiaron al francés hasta la ciudad califal y que fue Isaac de Colonia quien les encargó la misión.

De estas antiguas rutas comerciales judías hacia la China y la India se cree que nacieron las comunidades judías de la India: la de Cochin, el extremo austral de la península indostánica (por tanto, paso obligado de mercado naval y el tráfico de pimienta) pero también las dos del norte, la de Mumbay (los Bene Israel) al oeste, y la de Calcuta (los bagadadíes) al este. La comunidad de Cochin, en la región de Kerala, recibió precisamente en el S X, con el declive de los radanitas, una carta del rajá, aún conservada en la sinagoga de Kochi, en la que se reconoce la existencia de los judíos. Benjamín de Tudela, el gran viajero judío de Navarra, que también viajó y escribió sorbe esto en el S XIII, dice que allí vivían unos 1500 judíos.

Los Bene Israel dicen de sí mismos que ellos llegaron a Mombay tras ser expulsados de Siria en el S II, y que tras haber llegado a Yemen sufrieron un naufragio que los hizo llegar a las costas de la India. No obstante, fueron descubiertos allí en el S XVIII por unos mercaderes judíos de Bagdag, que si bien no eran ya radanitas, seguían usando sus rutas comerciales.

Los judíos de Calcuta, los bagdadíes, como su nombre indica, provienen de Bagdag, emigrados desde allí en el S XVIII, para dedicarse también al comercio.

Sin embargo, más allá del mundo hindi, ya en el mundo chino, nos encontramos en la provincia de Henan con la comunidad de Kaifeng, ciudad que llegó a ser capital del Imperio de la China. Los judíos se asentaron en este entonces esplendoroso epicentro comercial en el S IX d.e.c, después de haber vivido siglos en el nordeste indio. Sin duda alguna pasaron hasta China con las caravanas de camellos de los radanitas. Los chinos les llaman los yutai (los de Yudea) o en referencia a su práctica de la kashrut, los que quitán el tendón. Fueron conocidos para Occidente en el S. XVII, justamente cuando empezó su declive, con la destrucción de su sinagoga en el S XIX. Hoy están muy asimilados, pero el contacto con turistas judíos está haciendo revivir su propia tradición.

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