Un líder ruso brillante y un fiscal argentino valiente, ambos entregados a la ardua tarea de luchar contra gigantes.
Un líder ruso brillante y un fiscal argentino valiente, ambos entregados a la ardua tarea de luchar contra gigantes.
“Alberto Nisman no se suicidó, lo mataron”, aseguró, contundente, Sandra Arroyo Salgado, la ex esposa y madre de las dos hijas del fiscal argentino que murió el 18 de enero en circunstancias dudosas. Arroyo, que además es jueza, presentó un informe de 100 páginas realizado por expertos que designó ella en calidad de querellante. Aclaró que “como familia y como miembro del Poder Judicial” su objetivo es alcanzar la verdad sobre lo que calificó de “magnicidio”.
En cuestión de pocas horas, la insinuación presidencial de que podría haber algo oscuro en el atentado a la embajada israelí de 1992 se convirtió en tema también para el premier israelí Benjamin Netanyahu, quien, ante un plenario de legisladores norteamericanos, afirmó tajante: «Irán bombardeó un centro comunitario judío [por la AMIA] y la embajada de Israel en Buenos Aires».
El juez Daniel Rafecas desestimó la denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman, impulsada por su colega Gerardo Pollicita, contra la presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, el canciller Héctor Timerman y otros funcionarios, por encubrir a los imputados iraníes del atentado a la AMIA – Asociación Mutual Israelita Argentina